En los últimos cinco años, el Ejecutivo en minoría de Juan José Ibarretxe ha afrontado disensiones internas, pero nunca se habían puesto al descubierto públicamente como en las dos últimas semanas y en dos cuestiones, además, de evidente repercusión sobre la vida de los ciudadanos: la leyes del Suelo y de Dependencia. Aunque el tripartito niega en redondo que se esté larvando una crisis -«en este Gobierno no las hay», opuso ayer el entorno del lehendakari-, las divergencias ponen a prueba la sintonía y la unidad de sus tres integrantes y acentúan la fragilidad de un Gabinete cuyo protagonismo, con Ibarretxe a la cabeza, se ha visto mermado tras el revés en las elecciones autonómicas de hace un año y la apertura de un proceso de paz capitalizado en su origen por el presidente Zapatero y la izquierda abertzale. Y en este tiempo, el péndulo del PNV ha vuelto a bascular hacia los despachos de Sabin Etxea.