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Miércoles, 10 de mayo de 2006
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ÁLAVA
Oker vuelve a casa
Hallan en Badajoz a un cócker que desapareció hace siete de meses de Lapuebla de Labarca
Oker vuelve a casa
A SALVO. Oker es atendido en la clínica pacense. / M. F. R.
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Los que saben de perros dicen que el cócker es a la par inquieto y cariñoso, y ante todo, se hace querer. Pero, Oker -que en euskera significa bicho o travieso- es además un superviviente. Tras ocho meses desaparecido, hoy volverá a su casa de Lapuebla de Labarca, a 675 kilómetros de Badajoz, donde fue encontrado el lunes por la tarde. Este perrito negro de seis años, 15 kilos y salud de roble, se reencontrará hoy con Eduardo Martínez y Ixone Borinaga, sus dueños. No salen del asombro.

Los artífices de este entrañable historia son una pareja pacense, Soledad y Juan Pedro, que mientras paseaban a su perro a la altura de la cabecera de la margen derecha del Puente Viejo de Badajoz vieron a Oker que, aunque llevaba correa, no era tirado por nadie. Con la sensibilidad especial que tienen los que conviven con animales, esta pareja lo llevó al veterinario. Allí, y tras comprobar que tenía implantado el microchip se dispusieron a localizar a sus propietarios. Pero no todo fue tan fácil. El número de identificación del can perdido no figuraba en ninguna base de datos de la región y las esperanzas de encontrar a sus dueños se iban desvaneciendo.

Le siguieron la pista

Pero Soledad y Juan Pedro no desistieron y se pusieron en contacto con una asociación protectora de animales, que trasladó el caso a la Clínica Veterinaria Ciudad de Badajoz. Una de las veterinarias empezó a indagar hasta dar con el sanitario de Logroño que había puesto el microchip de Oker y tenía el móvil de sus dueños. Cuando les dio la noticia «no se lo podían creer, se han llevado una alegría enorme. Sólo preguntaban por su estado», recuerda. Oker está bien de salud, pese a que fue hallado muy sucio.

El perro desapareció el pasado mes de octubre de Lapuebla. «Lo conocía todo el pueblo porque aunque vivía con nosotros estaba suelto todo el día y entraba y salía de las casas de los vecinos», recuerda Eduardo Martínez, su dueño. Pero octubre es el mes de la vendimia y «viene mucha gente de paso a trabajar. Entonces desapareció». Lo denunciaron a la Ertzaintza y pegaron carteles por un radio de 20 kilómetros, sin resultado alguno. Con las esperanzas perdidas, llegó la llamada de la veterinaria pacense. Oker regresará hoy a casa, donde le han guardado su cojín y juguetes.



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