El día de Jueves Santo, como primicia y desde la puerta de su casa, le hice llegar a través de Toño Mazo y Piriz, sus amigos de confianza, 'La Tauromaquia según Rafael Azcona' a Juanjo Ochoa. Casi no la pudo ojear pero se emocionó, según me decía su esposa. El martes pasado hablé con Juan José por última vez a través del teléfono. Casi no le salía la voz del cuerpo para decirme que el libro estaba escrito con «mucha lógica». Fue su último cumplido de los cientos que guardo suyos.
Me insistía en su declive: «Estoy muy mal, Casta, y sin fuerzas ni ganas para leer, escribir ni comer. Paso casi todo el tiempo en la cama». Para mí fue la despedida no deseada e inevitable de un amigo que imaginé como una candela de la que sólo queda un rescoldo chico. Desde antes del año 70, en Calahorra, compartíamos buenos ratos de chiquiteo junto al músico ezcarayense Ángel Arroyo. Posteriormente envié muchas crónicas desde su casa y compartí tertulias, coloquios y jornadas de campería en dehesas de Salamanca, Andalucía y Extremadura que dejó reflejadas en sus certeros y ocurrentes escritos.
Se apagó la candela el domingo de madrugada tras haber dado mucha luz y calor durante casi 76 años.
Juan José Ochoa se inició escribiendo en el semanario 'Eco del Cidacos' por el año 1968 y en 1987 había publicado 1.000 artículos. Desde 1999 escribía en el periódico calahorrano 'La Noticia de la Semana'. En su vida dejó líneas en 'La Gaceta del Norte', en la década de los ochenta, EL CORREO, 'Cicerone', 'El Mundo de los Toros' y en todas las publicaciones de los colectivos taurinos de La Rioja. En el año 1990 se jubiló como director de una entidad bancaria y continuó «toreando».
Sus escritos están llenos de chispa y amenidad. Apoyados en la documentación de estudioso que manejó el lenguaje con ajuste literario y aire costumbrista.
Calahorra y la fiesta de toros le deben la categoría y el auge de la plaza y todas las mejoras modernas que asesoró, divulgó y vigiló con celo de aficionado y amor a su pueblo. Deja especiales y extensos escritos sobre El Satélite, matador de toros paisano, y los escritores taurinos y plazas riojanas. Guardo muchos de sus artículos porque están escritos con gracia, sin los clásicos simples del pamplinas de turno que llenan un folio como puede llenar un saco de paja para la burra. Tienen crítica y conllevan tipismo y objetividad. Y su punto de picante.
Escribió letras para numerosos pasodobles a la mayoría de toreros, clubes y algunos personajes de La Rioja y puede considerarse como el letrista más importante de España por su obra. Fue uno de los creadores del Club Taurino de Calahorra, promotor de la Federación Taurina de La Rioja y ha sido distinguido por varios colectivos riojanos y por la Federación Nacional y de la Comunidad en los años 2005 y 2004.
En su día se atrevió a escribir actitudes viciadas, y ciertas, de los organizadores taurinos de Arnedo y lo relegaron quitándole de la acreditación que los informadores suelen disponer para cumplir su cometido. Ejercía su afición en un tendido. La inmensa mayoría de sus colegas, que tanto le quisimos y admiramos, miró para Utrera como señal de valor torero. Ni unas sílabas o letritas que bien merecidas las tenía.
Nos queda su obra histórica como estudioso taurino, su aplicación de giros riojanos a la información taurina y bueno es señalar que ha sido el único, en esta Comunidad y puede que en el mundo mundial de la información taurina, que con una tribuna de prestigio nunca devengó un real por informar y escribir de toros y del toreo.