Pasará a la historia por su locura. Una película basada en la obra de Alan Bennet retrató hace unos años al rey Jorge III aquejado de porfiria, una enfermedad congénita de la sangre que se tomó como un trastorno mental.
Fue el primer rey de la casa de Hannover nacido en Inglaterra. Aquellos príncipes de Calenburgo descendían de Sofía, la gran matrona de la actual casa real británica, procedente de los principados alemanes que elegían al 'Reich' del Sacro Imperio Romano-Germánico, del que Voltaire se burló diciendo que no era ni Sacro ni Imperio ni Romano.
Los trajeron para que ningún católico de los Estuardos ocupara el trono. Durante el reinado de su tercer heredero, Jorge III, el ya para entonces conocido como Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda sufrió un retroceso parlamentario y la independencia de América.
Fue un mal rey, aunque querido por las poblaciones rurales, que le llamaba 'el rey granjero' porque no le gustaba la corte y pasaba su tiempo en Kew con su mujer, Carlota, y sus quince hijos. Su madre creó allí un bello jardín, con 'follies' arquitectónicas como una mezquita y una pagoda, que aún está en pie.
El palacio real de Kew -había otro en el recinto conocido como la 'Casa Blanca', el original- es una mansión modesta, que se ha abierto ahora con una exposición que permite recrear aquel tiempo y la vida de aquel rey.
Pero el palacio es sólo una atracción añadida a la octava maravilla del mundo, el jardín botánico de Kew. No está en el circuito turístico del centro de Londres, pero un viaje en metro de media hora lleva hasta las puertas de un lugar para la admiración. Hay enormes nenúfares, casas de cristal, invernaderos con plantas del desierto Tras un invierno tan frío y prolongado, estos días el parque aún asoma perezosamente de su letargo. Al mar de campanillas azules le faltan aún unos días de sol, pero hay narcisos y lechos de amapolas, magnolios y cerezos en flor.
Augusta, la madre de Jorge III, fue la impulsora del jardín, pero poco tiempo después de la muerte del rey, se declaró jardín botánico nacional.
Si algo bueno hizo en su vida pública aquel rey 'loco', fue promocionar la ciencia. Era el suyo un tiempo de grandes expediciones, cuyos botanistas regresaban a Kew con alguna especie que añadir al arboretum: un arce japonés, un cedro del Líbano