El Correo Digital
Lunes, 1 de mayo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
EDITORIAL
Contra el acoso
El informe estadístico sobre acoso sexual a las mujeres en el ámbito laboral elaborado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, primero de este género y de amplia dimensión, aporta datos valiosos para corregir conductas abusivas en relaciones de género que pueden manifestarse de otras formas, como con el llamado 'mo-bbing' o, incluso, en actitudes de violencia. El estudio señala que el porcentaje de mujeres que declaran haber sufrido algún tipo de acoso durante el año pasado es el 9,9% de las que tienen ocupación laboral. La ausencia de informes anteriores sobre el acoso sexual impide apreciar la evolución de esta rechazable conducta en la sociedad española. En términos absolutos eso significa que de los 8,5 millones de mujeres activas, 835.000 se han sentido acosadas sexualmente y otras 475.000 han vivido esas situaciones sin sentirlas como acoso.

Es revelador que el 92% de las mujeres perciban esas situaciones como formas de violencia -sólo una mínima parte las relaciona con jerarquía laboral-, pues en el fondo del acosador subyace el intento de imponer por la fuerza su vulneración de la libertad sexual de la mujer. Pero, aunque las cifras no sean especialmente alarmantes, en absoluto nos encontramos ante una cuestión banal con tendencia a desaparecer. No hay banalidad en situaciones de intimidación o degradación de personas, en este caso mujeres, que ven atropellada su intimidad y su libertad, porque además eso es caldo de cultivo para el maltrato psicológico o físico.

Terminar con esta clase de prácticas es cuestión de educación, de intensificar la denuncia en mujeres paralizadas por el miedo a las represalias y concienciar a los empleados en los centros de trabajo de que esas ofensas pueden desencadenar graves disturbios profesionales, personales y psicológicos en la persona acosada, aunque el culpable trate de restarle importancia a base de camuflar una humillación de palabra u obra delante de sus compañeros como una 'broma'. Se trata de responsabilizar sin atenuantes a tantos acosadores habituales y a tantos testigos mudos de acosos sexuales que terminan siendo cómplices pasivos de algo que, lejos de la gracia o el requiebro, es una agresión, más o menos taimada pero siempre vergonzosa, a la dignidad humana. Es decir, merecedora de tolerancia cero.



Vocento
[an error occurred while processing this directive]