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Lunes, 1 de mayo de 2006
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ÁLAVA
El Moto Club de Amurrio trabaja para crear un museo de motocicletas
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Los miembros del Moto Club Ayala, con sede en Amurrio, trabajan en la creación de un museo de motocicletas en esta localidad. «Hemos hablado con el alcalde y ha acogido bien la idea, pero todavía no disponemos de un local», comentó uno de sus miembros, Miguel Canive.

Hasta el momento, las exposiciones que ha organizado el Moto Club han contado con una excepcional acogida por parte del público, dado que se trata de modelos espectaculares. Canive señala, sin embargo, que «las motos se estropean con los traslados. Por ello, habría que tener un lugar adecuado para crear una exposición permanente».

Además de la necesidad de un local, la iniciativa de abrir un museo de motocicletas debería resolver antes el tipo de cobertura de seguro que tendría que aplicarse a los modelos expuestos, dado que algunos de ellas, tienen un valor económico muy importante «por su rareza o porque se trata de ejemplares muy estimados en el mercado», señalaron desde el Moto Club.

El grupo cuenta con 34 socios de la comarca de Ayala e incluso de Bilbao. «Somos el único club dedicado a las motos antiguas en el Norte peninsular», aseguró Canive. Los miembros de la asociación atesoran ochenta motocicletas que podrían exponerse. «Tenemos modelos sobre todo desde el año 1938, aunque hay algunas anteriores e, incluso, hasta los años sesenta». Entre ellas hay Guzzi, Montesa, BMW, BSA, Ducati y la pasión de Canive, las Lube, que se fabricaron durante años en Lutxana (Vizcaya) y que son las joyas de su colección. «Yo tengo los 27 modelos que salieron de la fábrica», señaló orgulloso.

Búsqueda de piezas

La costosa labor de restauración fue uno de los motivos que les llevaron a crear el club «porque nos resulta difícil encontrar piezas y la mayor parte de las reparaciones las tenemos que hacer nosotros. De lo contrario sería costosísimo». Algunos de los ejemplares propiedad de los miembros del Moto Club se han obtenido en los lugares más inverosímiles.

Más de uno han llegado a sus manos completamente desmontadas «y en cajas». La reconstrucción lleva meses y cuando la moto ya está de nuevo en funcionamiento «tal y como salió de la fábrica en su día, con los mismos colores y todo» se plantea un nuevo problema: guardarla en condiciones adecuadas para poder disfrutarla.



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