El informe de Mohamed al-Baradei sobre el programa nuclear iraní ha confirmado el sospechado pronóstico de que Teherán no sólo ha ignorado la petición del Consejo de Seguridad de la ONU de congelar duradera y fehacientemente el proceso de enriquecimiento de uranio, sino que lo ha acelerado sustancialmente. El director general de la AIEA recalca que sigue sin darse la «plena cooperación» de Irán con sus equipos de inspectores y acepta por primera vez la posibilidad de que el régimen de los ayatolás haya comprado plutonio en el extranjero. Ni siquiera el anuncio, ayer, del número dos del programa nuclear iraní, Mohamed Saidi, de que aceptarán las inspecciones sorpresas externas, suspendidas desde febrero, siempre que el asunto no pase al Consejo de Seguridad, parece abrir una vía de solución al conflicto ante la persistencia de Irán en desoír la llamada internacional y mantenerse en su empeño invocando, paradójicamente, su condición de miembro del Tratado de no proliferación nuclear. Un acuerdo que, en efecto, da derecho a enriquecer uranio y no veta la investigación científica, pero exige algo absolutamente ineludible: asumir el compromiso de no desviarlo a la fabricación eventual de armas atómicas, lo que implica someterse a controles completos y a una colaboración total y de buena fe con la AIEA.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sólo ha emitido hasta ahora una declaración presidencial, no vinculante, pero tras el informe de Al-Baradei no tardará demasiado en sopesar medidas más enérgicas, sin excluir un programa de sanciones. Evidentemente, esto tomará tiempo, dividirá a los cinco Estados con derecho a veto y no es seguro que se obtenga a medio plazo un consenso razonable y de obligado cumplimiento. Por no hablar de la posibilidad de que Irán abandone el Tratado de no proliferación, tome la senda norcoreana e intente, abiertamente, dotarse de armas atómicas, como han hecho algunos de sus vecinos y antagonistas. Un panorama realmente inquietante en la región más volátil, peligrosa y desestabilizada del mundo.