El mar, representado donde nadie podía imaginarselo mediante rítmicas líneas onduladas, vuelve a vibrar tierra adentro, entre los árboles del Bosque de Oma, en Kortezubi (Vizcaya). Igual que el rayo que les 'atraviesa' y las esquemáticas siluetas que recorren los caminos, llegadas de la comprometida pintura que Ibarrola hacía ya cuando se jugaba la cárcel en tiempos del franquismo. Y el viejo arco iris plasmado en los troncos -la imagen más colorista y de marca de los pinos pintados por el veterano artista en los años 80-, parece que acaba de salir tras la tormenta.