La reunión celebrada el miércoles entre el lehendakari y una delegación de Batasuna ha dejado en el aire una curiosa controversia entre el anfitrión de la cita y Arnaldo Otegi. Al finalizar el encuentro, el dirigente abertzale aseguró que le habían pedido expresamente a su interlocutor que cesen «las agresiones» de la Ertzaintza a la izquierda radical y, preguntado sobre la respuesta de Ibarretxe, sugirió que habían percibido en él «cierta conciencia» de su reclamación. Ayer, el aludido fue interrogado al respecto por los periodistas. «Haría falta saber si me lo preguntó», sonrió enigmático el presidente vasco, quien no quiso abundar en la polémica ni entrar en debates que, según dijo, tienen «intención doméstica».
«Cada uno traslada los comentarios que quiere a su propia parroquia», concluyó, después de enfatizar que la Policía autónoma y la Sanidad son los servicios públicos «mejor valorados en este país» por la ciudadanía. Y dejó entrever que ése es el criterio con el que él se queda ante los reproches de Otegi, que llevaron casi de inmediato a populares y socialistas a pedir explicaciones al lehendakari.
Ibarretxe también se pronunció sobre las tareas de verificación del alto el fuego de ETA, aunque declinó entrar en detalles «de manera pública» al ser cuestionado por las cartas de extorsión recibidas por empresarios navarros. Persuadido de que ésta vez hay una oportunidad real para hacer «irreversible» la paz, el lehendakari reiteró que ni él ni el Departamento de Interior desvelarán datos sobre la comprobación del alto el fuego y volvió a apelar a la responsabilidad al gestionar la información sobre seguridad, con mención especial para la Prensa.