El Palau de la Generalitat fue ayer escenario de una atípica toma de posesión de los seis nuevos consejeros catalanes. El acto protocolario se desarrolló en un ambiente tenso por el nombramiento de Xavier Vendrell, responsable de Organización y Finanzas de Esquerra Republicana, como titular del departamento de Gobernación y Administraciones Públicas. En una deslucida ceremonia, los consellers entrantes se quedaron sin la tradicional foto de familia del nuevo Ejecutivo al completo, no hubo brindis y dos de los cesantes, el republicano Joan Carretero y el ecosocialista Salvador Milà, ni siquiera hicieron acto de presencia.
Pese al clima de tirantez, algunos consejeros y dirigentes de ERC no ocultaron su satisfacción porque consideraron que habían logrado «una victoria» al haber impuesto la entrada en el Gobierno catalán de Vendrell, el firmante de las polémicas cartas a cargos de confianza del partido y a empleados de la Generalitat exigiéndoles el pago de cuotas a la formación republicana bajo amenaza de despido. Iniciativa per Catalunya era la otra cara de la moneda: su presidente y consejero de Relaciones Institucionales, Joan Saura, no ocultó su descontento por el cese de Milà.
Maragall, durante su intervención institucional, intentó aparentar normalidad y tuvo palabras de elogio hacia los consellers salientes, además de expresar su voluntad de que «el Gobierno catalanista y de izquierdas» se perpetúe más allá de la legislatura para poder aplicar el Estatut que será sometido a referéndum en Cataluña el 18 de junio. El president, con sus relaciones con el PSOE en horas bajas y cuestionado por un sector del PSC y de sus dos socios del tripartito, se esforzó por transmitir un mensaje de unidad y cohesión, y aseguró que el nuevo Ejecutivo catalán está «más experimentado» y conseguirá cumplir los «retos y perspectivas de futuro» que se ha fijado en todos los ámbitos de la vida política, social, económica y cultural.
Una vez remarcada esta idea, Maragall evitó aludir a su nuevo y polémico consejero, pero el conseller primer, el también republicano Josep Bargalló, reveló que el presidente de la Generalitat no puso «ninguna cara refractaria» cuando ERC puso su nombre sobre la mesa y sólo condicionó su entrada en el Gobierno a que dejara el cargo de secretario de Organización y Finanzas del partido. Requisito que el interesado prometió cumplir.
Tuvo que ser el primer secretario del PSC, José Montilla, quien, entrada ya la noche, pusiera de manifiesto hasta qué punto incomoda el nombramiento de Vendrell a amplios sectores del socialismo catalán. «Si dependiera del PSC, igual no sería consejero», reconoció el ministro de Industria, si bien recordó que la potestad de proponer su designación ha sido de ERC.
El aludido, entretanto, declaró tras tomar posesión de su cargo que «no descarta tomar medidas jurídicas» contra los que, desde CiU y el PP, le acusan de «extorsión» por las «cartas financieras» de ERC. El nuevo conseller dijo tener «absoluta tranquilidad» por la polémica y afirmó que no ha cometido «ninguna irregularidad» sino que se limitó a cumplir «con lo mandatado por el partido y que era público», además de «totalmente legal». A su vez, el secretario general de ERC, Joan Puigcercós, denunció la existencia de una «caza de brujas» contra los republicanos a través de Vendrell, y señaló que «es perverso» ver en su nombramiento «un cambio de cromos por el sí (de los republicanos) en el referéndum» estatutario.
Todas estas palabras no convencieron a la oposición. El número dos de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, auguró «escándalos mayores» al tripartito, y lamentó la «irresponsabilidad» del president en la remodelación. Por su parte, el líder del PP catalán, Josep Piqué, calificó de «tremenda ignominia» el nombramiento de Vendrell.
«Derecho» y «pulso»
La remodelación del Gobierno catalán también volvió a ser tema en la refiega entre el Gobierno central y la dirección nacional del PP. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, reaccionó con cautela y puso el acento en señalar que el presidente de la Generalitat tiene «el derecho y el deber» de recomponer su equipo «de la mejor manera posible». «Supongo que ése ha sido el espíritu» de los cambios realizados, sentenció. Fernández de la Vega evitó comentar el nombramiento de Vendrell y, tras señalar que serán «los ciudadanos quienes tengan que juzgar» las decisiones tomadas en esta crisis, recalcó que José Luis Rodríguez Zapatero tiene «un compromiso con la regeneración de la vida pública».
Mientras, Mariano Rajoy aseguró en Lleida que la remodelación del Ejecutivo catalán es un nuevo «pulso» de Maragall a Zapatero.