Los cuatro primeros toros de Cebada Gago fueron de una manera; los dos últimos, de muy otra. Estos dos tenían cumplidos los cinco años. No por la edad, sino por el fondo, resultaron los de más y mejor temperamento. El quinto atacó con agresividad y potencia. Robleño anduvo más dispuesto que afortunado. En algún muletazo calmado y limpio respiraron toro y torero, pero eso fueron pasajes muy aislados. Puesto encima del toro pero sin ponerse de verdad, Robleño trató de sacarse el toro de encima: pura contradicción. Larga la pelea. Sobró por lo menos la mitad.
El sexto fue el más aparatoso. El más original. Muy ofensivo. Luis Vilches, de Utrera, uno de los contados toreros de la tierra anunciados este año en la feria, se acomodó y acopló en seguida. Viajó el toro entero con entrega y humillado. Cinco tandas le sacó Vilches. Dos primeras con la derecha, de tres y el de pecho. Y tres con la izquierda, logradísimas y en las dos últimas llegó incluso al quinto muletazo ligado. La faena fue, en fin, de mucho lujo. Y colorín colorado.
De los otros cuatro cebadas, el primero, fue de mansa conducta en varas y de salida, pero de tranco suave en la muleta. Cortos viajes, distraído, frágil, pero muy noble. Curro Díaz, que empieza a parecer torero madurado y ahora sin el genio algo perturbador de antes, lo manejó con suficiencia y seguridad. El segundose fue del caballo sin disimulo, escarbó y reculó en banderillas pero fue en la muleta toro de no mal empleo. En un quite se le coló a Vilches y se lo echó a los lomos. Por la mano derecha, se acostó más de lo normal; por la izquierda hizo los deberes. Era también toro de enganchar y Robleño mismo pudo comprobarlo. Pero la cosa quedó en trasteo al hilo del pitón.
El tercero galopó de salida y Vilches lo lanceó con ritmo bueno, y volvió a galopar después en un principio de faena que pecó de apresurado. Obedeció el toro, pero dejó de repetir. Vilches le pegó muchas voces y lo mató a la primera. Al cuarto le pasó que el primer par de banderillas cayó muy trasero y pareció lesionarle la médula. Se dolió el toro no del garfio sino de otra lesión que lo dejó medio impedido. Más temperamento que fuerza de ese toro, que se fue en parte al limbo. Curro Díaz lo intentó incluso más de lo debido.