Las Fuerzas estadounidenses rechazaron ayer un ataque coordinado de insurgentes a la oficina del gobernador provincial en Ramadi, ciudad ubicada al oeste de la capital, utilizando bombas guiadas por láser, cohetes antitanques y ametralladoras para contraatacar. Fuentes militares indicaron que en la operación podrían haber perdido la vida unos 50 insurgentes.
«Intentaban realizar un ataque complejo contra el centro del Gobierno con la esperanza de invadirlo, pero nosotros teníamos demasiado poder de combate», declaró el capitán de la infantería Andrew Del Gaudio. «Ellos cayeron, los atacamos desde el aire con lo que teníamos y los eliminamos», añadió.
Pero lo cierto es que los militares no requisaron el área para determinar la cantidad exacta de muertos, aunque Del Gaudio estimó que podrían haber fallecido cerca de cincuenta personas. Ningún militar estadounidense resultó herido.
Lanzagranadas
Los terroristas comenzaron el ataque contra la oficina del gobernador al mediodía desde varios frentes. El edificio está protegido por la infantería de marina de Estados Unidos y sirve de sede de las autoridades provinciales de Anbar. Si bien el edificio del Gobierno recibe atentados casi a diario, acciones coordinadas son poco usuales. Durante los combates, los insurgentes tomaron posiciones en varios edificios destruidos y en una mezquita del área, y dispararon al menos media docena de lanzagranadas a puestos de observación norteamericanos ubicados en la zona gubernamental. Los rebeldes también atacaron a un equipo de francotiradores estadounidenses y lanzaron morteros contra posiciones de las fuerzas extranjeras.
Fue entonces cuando un avión de combate F-18 descendió en picado hacia posiciones rebeldes en las ruinas de un edificio de varios pisos, lanzando primero una bomba guiada por láser y luego otra de más de 200 kilos. Las explosiones sacudieron la ciudad. Posteriormente, media docena de vehículos se dirigieron a toda velocidad hacia el edificio, al parecer para evacuar a las víctimas. Los terroristas de los automóviles atacaron los puestos estadounidenses con armas automáticas y los marines respondieron con ametralladoras.
En otro incidente, la explosión de un coche bomba mató a seis personas e hirió a otras 14 en las cercanías de una mezquita chií situada en la localidad de Musayyib, al sur de Bagdad. Por otra parte, ya son 2.340 los soldados norteamericanos muertos en Irak desde el inicio de la guerra, al fallecer ayer un marine por los disparos de un militar iraquí.