El proceso de paz abierto en nuestro país está siendo observado con especial atención por numerosas instituciones internacionales que han expresado su apoyo explícito al mismo en una suerte de convalidación exterior del escenario de paz.
El dia 6 de abril, coincidiendo con el 60 aniversario de su constitución, la Corte Internacional de Justicia, órgano judicial principal de las Naciones Unidas, ha realizado una visita oficial al País Vasco. Al margen del concreto momento que vive Euskadi, es una buena ocasión para reflexionar acerca del significado de la presencia de la Corte entre nosotros, no sólo desde la óptica política interna sino desde la perspectiva más amplia de apertura y relación hacia instituciones universales con un trascendente papel y reconocimiento para la paz y seguridad mundial. Lo que ha movido inicialmente a la Corte a desplazarse a la ciudad de Vitoria ha sido rendir tributo a la obra de un ilustre jurista y teólogo como fue Francisco de Vitoria. El Ayuntamiento de la ciudad, en coordinación con la Universidad del País Vasco, ha tenido el acierto de otorgar una condecoración de singular valor al trabajo de la Corte en la medida en que representa la continuidad de la obra del reconocido fundador del Derecho Internacional. Sus ideas sobre la necesidad de un orden mundial dotado de leyes convenientes para el conjunto de estados, de un orden protector de la dignidad de la persona y de un rechazo a la guerra injusta convierten a Vitoria en el paradigma de los valores sobre los que se ha construido la comunidad internacional representada, en esencia, en la Carta de las Naciones Unidas.
Ante todo, debe afirmarse el valor intrínseco de este gesto de acercamiento de la Corte, y por ende de las Naciones Unidas, a nuestra Universidad, a la ciudad de Vitoria y a Euskadi en su conjunto. En sus 60 años de historia es la segunda ocasión que la Corte acepta una invitación para desplazarse fuera de su sede en La Haya. Sólo una vez, a instancias de Nelson Mandela, la Corte realizó una visita anterior a Sudáfrica. De esta suerte se abre un enorme campo de relaciones institucionales y académicas con la Corte directamente y también con los demás órganos del sistema de Naciones Unidas; fórmulas de cooperación que van desde lazos político-institucionales estables, incluido especialmente el poder judicial, hasta opciones académicas como es la especialización práctica en el seno de la Corte de juristas expertos en asuntos internacionales formados en nuestra Facultad de Derecho.
Pero la visita expresa igualmente la sintonía de valores defendidos por la Corte Internacional de Justicia y los que comúnmente compartimos la ciudadanía: ante todo, la paz como derecho de todos los pueblos, tal y como se afirma en el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas. A través de sus sentencias dirigidas a Estados soberanos, la Corte ha resuelto numerosas situaciones de amenaza a la paz o quebrantamiento de la paz. Por otra parte, sus decisiones son inequívocas en la defensa de derechos fundamentales del ser humano ante violaciones a gran escala como es el caso del genocidio en Bosnia que están siendo resueltas en la actualidad. Tajante ha sido, asimismo, la defensa de Palestina frente a la construcción del muro de separación en los territorios ocupados.
Conviene enlazar estas consideraciones con la necesidad de reafirmar la función de esta institución de Naciones Unidas al valorar los conflictos y las amenazas globales en curso y sus posibles soluciones. La Corte es la expresión máxima del multilateralismo en la ordenación de la sociedad internacional y en el arreglo pacífico de sus controversias. Ciertamente no posee una capacidad general de actuación puesto que existen Estados que han decidido mantenerse al margen del sistema e, incluso, actuar en contra de las reglas que garantizan la paz y la seguridad mundiales. Si esto es posible es porque el orden jurídico y político internacional no está lo suficientemente maduro como para aceptar limitaciones absolutas a la soberanía estatal. Sin embargo, no existen hoy soluciones a las amenazas globales fuera del ámbito de la seguridad colectiva mundial. No cabe dar respuesta a los inaplazables Objetivos del Milenio al margen de la cooperación multilateral y de los instrumentos que garantizan la justicia y el imperio del derecho en los asuntos internacionales.
En definitiva, la presencia de la Corte Internacional de Justicia entre nosotros es un inmejorable ejemplo de confianza recíproca que tiene mucho que ver con la apuesta de nuestra sociedad por la solución pacífica de las contro- versias internas e internacionales. El Ayuntamiento de Vitoria, el Gobierno vasco y la Universidad del País Vasco a través de sus Cursos de Derecho Internacional, han tomado una gran iniciativa que ha sido correspondida y que está llamada a dar importantes frutos.