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Viernes, 7 de abril de 2006
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Romano Prodi, el candidato invisible
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Aunque no lo parezca, en esta campaña que parece un plebiscito a favor o en contra de Berlusconi hay otro candidato, Romano Prodi. Además de vivir eclipsado por su exuberante rival, es difícil comprender cómo un rostro tan olvidable ha llegado a ser el líder de la histórica izquierda italiana. La respuesta es: precisamente por eso. Tras él se apelotonan partidos con identidades tan marcadas y contradictorias que Prodi es el único que no sería vetado por el resto, el único candidato posible. De hecho, no tiene ni partido propio.

Prodi, boloñés, católico y forjado en la universidad, es 'Il Professore', un pacífico economista que entró en política con una breve experiencia de ministro de Industria democristiano en 1978.

Después, entre 1982 y 1989, se hizo cargo del IRI, el instituto que dirigió las privatizaciones de los ochenta. Su gran intuición fue idear en 1995 El Olivo, la gran coalición de centroizquierda que ganó las elecciones de 1996. Ése es el gran aval, dicen que el único, de Prodi, que sólo él ha batido a Berlusconi. Pero su gobierno sólo duró dos años por las luchas internas, y éste es en cambio el principal sambenito que arrastra: le reprochan que le volverá a pasar lo mismo. Entonces acabó como presidente de la Comisión Europea, donde dejó una huella igual de insignificante.

Para cinco años

Una de esas frases brillantes de Berlusconi resume los temores actuales del electorado: «En el Parlamento vamos a ver a Luxuria (un travesti comunista) repartiendo porros, a la Bonino (del Partido Radical) con un cartel de 'Fuera el Vaticano', a Caruso con pasamontañas (líder antiglobalización reciclado) y a D'Alema vestido de marinerito (porque tiene un yate, aunque esto no tiene nada que ver)». Prodi suele replicar que la docena de partidos de La Unión han firmado un programa de 280 páginas para cinco años.

Sin embargo, en la aburrida biografía de Prodi hay un episodio que vale por mil anécdotas y revela una cara secreta. En 1978, participó en una sesión de espiritismo para intentar averiguar dónde estaba secuestrado Aldo Moro. Les salió una palabra, 'Gradoli', y Prodi la comunicó a la Policía, que registró de arriba a abajo un pueblo cercano a Roma con ese nombre. Dos días después descubrieron que en la capital también había una calle Gradoli. Y efectivamente allí se ocultaba el comando de las Brigadas Rojas con Moro, pero había huido al ver en la tele la operación de Gradoli, el pueblo, y comprender que la Policía tenía la pista buena. ¿Cómo la supo Prodi? Siempre ha mantenido que se la dijo un espíritu. Cosas entre seres invisibles.



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