Llamadas por la Comisión Europea, once organizaciones vinculadas al transporte aéreo civil se encuentran reunidas desde ayer en Bruselas para debatir la política aeroportuaria de la UE y cuyos resultados podrían servir de base para nuevas reglamentaciones. Tres son las áreas de reflexión propuestas por el comisario de transportes, Jacques Barrot: tasas, servicios en tierra y competitividad de los aeródromos.
Existe tensión en el sector por el impacto -irregular- que la liberalización de mercados está teniendo en los diferentes operadores. Las compañías aéreas, sometidas a una competencia feroz en determinadas circunstancias, protestan por las cargas aeroportuarias crecientes, mientras que los pasajeros soportan unas tarifas fijadas en base a criterios no contrastados, en procedimientos generalmente opacos.
Aunque la Comisión no ha difundido datos, medios del sector ha señalado estiman que el margen bruto -ingresos antes de intereses e impuestos- de las principales empresas aeroportuarias europeas han rondado el 20% entre 2000 y 2004. Por contra, el de las aerolíneas nunca ha superado el 3% durante ese periodo o ha sido abiertamente negativo, como en 2001.
La Comisión considera que las tasas aeroportuarias que gravan las operaciones de las compañía por derechos de aterrizaje, de estacionamiento o de recepción de pasajeros, pueden representar entre el 4% y el 10% de los costos totales de estas empresas.
Las aerolíneas protestan por la situación y porque la voracidad recaudadora de los aeropuertos parece no tener fin. Las sociedades aeroportuarias argumentan, por su parte, que sin esos recursos les es imposible hacer frente a la modernización de las infraestructuras que reclama la demanda.
Bruselas constata, por un lado, que los efectos de la liberalización en el sector distan de ser los deseados; y, por otro, que es cada vez menor el impacto de las tasas aeroportuarias, decididas en base a criterios estrictamente nacionales y poco o nada transparentes.