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Jueves, 6 de abril de 2006
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La hora de los pegadores
Arranca hoy Augusta, el torneo más emblemático de EE UU; su polémica ampliación cierra la lista de favoritos a golfistas de grandes distancias, con Woods a la cabeza
La hora de los pegadores
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LA CHAQUETA VERDE

LA CHAQUETA VERDE
La chaqueta verde es la prenda más codiciada en el mundo del golf y los españoles Severiano Ballesteros y José María Olazabal se la han enfundado dos veces cada uno. Las primeras 'americanas' fueron adquiridas en Nueva York y se pidió a los socios que las compraran para que actuaran como 'marshalls' (supervisores de juego) en el Masters. En 1949 se regaló la primera chaqueta verde al ganador. Fue Sam Snead.

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El Augusta National Golf, el club más elitista y emblemático de Estados Unidos, espera desde esta madrugada (en España) a los caballeros de los 'greenes'. Sus esplendorosas calles, aromatizadas con perfume de azalea, serán de nuevo testigo durante cuatro días de golpes al alcance de un puñado de elegidos. Los mejores jugadores del circuito tendrán que sacar a relucir su repertorio más exclusivo en la imprevisible hierba de Georgia, muchas veces traicionera y pocas receptiva. El premio, la chaqueta verde, una prenda de un prestigio incalculable venerada en el mundo del golf y soñada por los grandes galanes de las maderas y los hierros. Sólo pensar en enfundársela añade presión a los participantes, que suspiran por cruzar el legendario 'Amen Corner'.

Y es que el primer Grand Slam de la temporada es mucho más que un torneo. Es el torneo con mayúsculas. Profesionales y aficionados de todo el planeta se quedarán pegados al televisor, especialmente el fin de semana, para ver en directo golpes y efectos increíbles de los magos de la bola. Es el momento de Tiger Woods -cuyo concurso sigue pendiente de la evolución de la grave enfermedad de su padre-, de Singh, Mickelson, Els, Olazabal, Sergio García... El indiscutible número uno del mundo aspira nada más y nada menos que a su quinto masters -cuatro en los últimos cinco años-. Aunque su juego no es tan demoledor como antaño, el llamado a suceder a su compatriota Jack Nicklaus en el olimpo del golf aún está un peldaño por encima de sus rivales.

Pero es que, además, el estadounidense es más favorito que nunca en esta 70 edición. La controvertida ampliación del recorrido en 141 metros y la remodelación de algunos obstáculos que antes no entraban en juego favorecen en esta ocasión a los grandes pegadores como él. Son jugadores que, con el 'driver' en sus manos, pueden mandar la bola a más de 270 metros de distancia desde el 'tee'. Los 'greenes' de Augusta son un tormento y parar la bola en ellos es una odisea. Por eso, sólo un impacto muy largo de salida permite después utilizar un palo de aproximación -'blaster'- que permita frenar la bola cerca de la bandera o, simplemente, en los rapidísimos 'greenes'. Sergio García, Singh y Mickelson son otros abanderados del juego largo.

Otra estrategia

La polémica está servida. El campo, inaugurado en los años 30, ha sufrido múltiples modificaciones para adaptarlo a la mejoría técnica de los materiales y complicar los recorridos de los profesionales. Pero los 'clásicos' sostienen que la última reforma ha ido demasiado lejos y que ha comprimido sobremanera la lista de aspirantes a la victoria. A priori, los más perjudicados son los medios pegadores, esos golfistas que se ven obligados a emplear los hierros 6 ó 7 para tirar a bandera y cuyas posibilidades de detener la bola en el 'green' decaen por tanto de una manera acusada. Es el caso, por ejemplo, de José María Olazabal, ganador de dos chaquetas verdes y que se encuentra en plena forma.

Un día antes de confirmar su renuncia a Augusta, Severiano Ballesteros, también dos veces ganador en Georgia, aseguró que la ampliación del campo deja casi sin opciones a la mitad de los participantes. El paradigma del cambio es el hoyo siete, un par cuatro relativamente asequible el pasado año. En 2005, la inmensa mayoría de los profesionales salieron con una madera 3 y atacaron después la bandera con un 'pitching wedge'. Los 63 metros añadidos al recorrido plantean ahora una estrategia muy distinta. Los golfistas que quieran optar al 'birdie' tendrán que arriesgar con el 'driver' en el 'tee' -la calle también ha sido estrechada- y jugar después un hierro 6 en dirección al cielo para que la bola caiga a plomo en el 'green'. Frenarla será otro cantar.

Por fortuna, el golf no es un deporte matemático y, además del estado de gracia de los jugadores, en su práctica influyen otros factores que pueden dar al traste con las predicciones -lluvia, viento y, por qué no, una pizca de suerte-. No sería extraño que en las dos primeras jornadas -las que deciden el corte para sábado y domingo- surja algún participante que no entraba en las quinielas ni por asomo. No obstante, la presión que ejerce sólo el nombre de Augusta es de tal magnitud que únicamente los maestros de cabeza fría con una clase superior tendrán al final opciones de entrar en el codiciado 'top ten'. La chaqueta verde es muy exclusiva y, su precio, carísimo.



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