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Jueves, 6 de abril de 2006
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CICLISMO
La máquina 'prohibida'
El Saunier Duval ha solicitado un permiso a la UCI que le permita rebajar el peso de sus bicicletas hasta los seis kilos
La máquina 'prohibida'
DOS AFAFATAS de Saunier Duval en la Vuelta al País Vasco posan con las bicicletas. / BORJA AGUDO
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Bajo el sillín de algunos ciclistas hay plomo. Pequeñas bolas de metal que aportan unos gramos de peso. Los justos para convertir en 'legales' a las bicicletas. La báscula es su calvario. Todas deben pesar al menos 6,800 kilos, pero algunas, hechas con una dieta de titanio y fibra de carbono, son aún más ligeras. Y se tapan con plomo para evitar la mirada de los inspectores.

La mejor de las bicicletas que corren por la Vuelta al País Vasco es, prácticamente, una antigualla. Hace tiempo que la técnica ha creado prototipos más afilados, más aerodinámicos, más ligeros. Plumas de carbono y titanio. Pero ocurre como en la Fórmula 1: la Unión Ciclista Internacional (UCI) ha puesto freno a la evolución tecnológica. Sus directrices y restricciones se basan en dos principios. Uno: «Los ciclistas afrontarán las competiciones en un plano de igualdad». Y dos, de tono casi filosófico: «Debe primar el hombre sobre la máquina».

El Saunier Duval compite sobre bicicletas Scott, una firma estadounidense, audaz, echada hacia el futuro. «Ahora mismo, si quisiéramos, ya podríamos tener bicicletas de sólo seis kilos». Casi asusta una estructura tan liviana. «Para nada. Son seguras. Las hemos probado en condiciones extremas». Así es. Matxin, director del equipo, ha solicitado a la UCI un permiso para rebajar el peso de sus máquinas. Envió a Lieja, al Comité de Evaluación de Seguridad de la Bicicleta, un cuadro y unas ruedas. Allí los sometieron a un 'test de choque'. Como el que pasan los automóviles. El cuadro sólo alcanza los 880 gramos. Es una pieza de orfebrería hilada con fibras de carbono. «Le dieron las cinco estrellas de seguridad, la máxima». Con las ruedas tampoco hubo problemas. Cumplían los requisitos: tenían doce radios como mínimo y ningún elemento se desprendió con el impacto, para evitar así herir a los ciclistas. Todo bien. Pero no le dieron el visto bueno a la rebaja de peso.

«Nos dijeron que el test había que hacerlo también con un ciclista sobre la bicicleta. Y, claro, no estoy dispuesto a enviarle un corredor para que lo estrellen contra una pared», explica Matxin. Además, esa prueba de campo, improvisada, ya la ha realizado el joven Riccardo Ricco. «Se pegó de frente contra el coche del T-Mobile cuando iba a sesenta por hora. Y la bici aguantó». El director del Saunier Duval aporta otro ejemplo: «En la Volta a Cataluña del año pasado, De la Fuente se cayó a noventa por hora. El carbono se desmembró un poco, pero resistió bien. Qué más se puede pedir».

«La UCI cederá al final»

Matxin está convencido de que al final la UCI le permitirá bajar el peso de sus bicicletas. «Hemos solicitado que ciclistas como Piepoli, que usa una talla de cuadro muy baja, pueda hacer eso. No es lógico que otro corredor mucho más alto y pesado tenga las mismas restricciones». De momento, el Saunier ha pedido que la UCI ponga el límite en 6 kilos justos. Así podrá añadir a sus bicicletas las piezas de titanio y carbono que ahora mismo no puede poner. «Tengo manillares de carbono, pero si los coloco me salgo de las normas». De ahí que, a veces, haya que sacar el plomo del bolsillo.

Y así, a la espera de que la UCI decida, las bicicletas siguen amordazadas, lastradas. En el corsé de la normas. La Unión Ciclista quiere evitar que los equipos grandes, los ricos, aprovechen la técnica para doblegar a los modestos, a los llegados desde países si tradición ciclista. «Ya, pero es que esto es así. Si tienes dinero puedes fichar a Bettini, si no, no. Y esto también crea diferencias», replica Matxin. Mientras, sus bicicletas descansan apoyadas sobre el autobús amarillo. Se ven gordas. La obsesión por el peso ha llegado a las máquinas.



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