El Correo Digital
Martes, 4 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
MUNDO
MUNDO
Berlusconi recupera la forma en el debate decisivo con Prodi para atraer a los indecisos
El último cara a cara a cinco días de las elecciones fue una réplica del anterior, pero menos vistoso y con intercambio de insultos El magnate regañó al moderador por permitir un sarcasmo de su rival
Berlusconi recupera la forma en el debate decisivo con Prodi para atraer a los indecisos
ÚLTIMO DEBATE. Romano Prodi y Silvio Berlusconi, de espaldas al candidato de la oposición, antes de enfrentarse ante las cámaras. / AFP
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

El segundo, último y decisivo debate entre el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el líder del centro-izquierda, Romano Prodi, a cinco días de las elecciones generales, se saldó con una sensación de tablas y de que fue más aburrido que el anterior. Pero predominó la impresión de que Berlusconi se había recuperado y volvía a ser el que era. En los comicios de 2001, el 25% de los electores decidió el voto en la última semana, así que se puede comprender el alcance del cara a cara de ayer. Por fortuna para Berlusconi, se constató que había mejorado respecto a la anterior cita del pasado 14 de marzo, donde se le vio nervioso e incómodo con las reglas del encuentro.

El primer ministro fue ayer más convincente, no dibujaba obsesivamente en los folios y atacó a su rival donde le dolía. Recuperó su vena cómica con éxito en algunos momentos, con frases punzantes, y se fue creciendo con los minutos. En la arenga final, se le vio preparado y recuperó su mejor estilo de vendedor de sueños. En perfecto lenguaje publicitario, sonriendo a la cámara, anunció una mujer como vicepresidenta del gobierno e hizo tres promesas económicas concretas, sobre la tasa de sucesión, el ahorro y el impuesto de la vivienda. Dijo que desaparecerá para la primera casa. Aunque tuvo un desliz digno de estudio por Freud: «Italia es una compañía compleja». Apuntando con el dedo al espectador concluyó: «Elijamos no volver atrás, elijamos ir hacia adelante». Su frase cerró el debate, porque le tocaba a él hacerlo.

Prodi, ganador del primer choque, se limitó a estar en su sitio, acosando a su adversario con las innegables cifras de crisis económica y jugando al papel de serio ante las piruetas verbales de Berlusconi. Fue demasiado benévolo con el magnate, fiel a su estilo poco pendenciero, pero ésa es precisamente su estrategia. En el mensaje final dibujó un país dividido y lacerado para el que ofrecía un futuro de reconciliación: «Para que Italia vuelva a vencer».

Menos intriga

En el primer debate los dos candidatos se tenían más ganas, pero ayer parecía algo ya visto y se hizo eterno. Ahora se percibe mejor que aquel enfrentamiento tuvo la función de descubrir a Prodi, porque Berlusconi es un habitual de la televisión. Visto Prodi, ayer había menos intriga y el magnate se empleó con más soltura. Hacia el final, hubo repuntes de tensión con un intercambio de descalificaciones. «Se agarra a los números como un borracho a una farola», dijo Prodi ante la ira de 'il Cavaliere', que le interrumpió de inmediato, le exigió el respeto debido a un primer ministro y amonestó al presentador, Bruno Vespa, hombre de su confianza, por permitir esas palabras: «¿Usted es el moderador? Modere, Vespa, modere». «Usted es un tonto útil para los comunistas, se ocultan detrás de un cura bonachón», replicó luego a Prodi.

El líder de La Unión llegaba al debate un poco más desgastado, porque tras un inicio en buena forma ha tenido una semana un tanto borrascosa, con algunas contradicciones internas en su coalición en temas económicos. En referencia a un declive moral de la política italiana, no mencionado expresamente, sus respuestas siempre insistieron en un restablecimiento de la legalidad y la seriedad, con expresiones sobre cómo debe ser un país decente. Denunció el incremento del ya demencial gasto público y subrayó que luchará contra la evasión fiscal. Casi deletreó esta frase: «No quiero poner las esposas a nadie, yo quiero la majestad de la ley».

El debate empezó con el asunto del que toda Italia habla, el secuestro y asesinato de Tommaso Onofri, y una pregunta: ¿por qué estaba libre el asesino, habiendo sido condenado por violación? Berlusconi dijo que era culpa del Gobierno anterior y llegó a decir que parte de la responsabilidad era de los jueces, porque se ocupan demasiado de la política.

Prodi comenzó a ritmo muy lento, citando el evangelio con los ojos semicerrados. Tras el calentamiento, empezó el fuego cruzado. Prodi, más sutil, sólo pidió que los electores juzgaran a los candidatos por «la credibilidad personal y no por el modo de alzar la voz». Berlusconi tiró rápido de su repertorio de demonización de la izquierda, la prensa, los jueces, la película de Moretti sobre él («horrendo»). Y dijo que nunca había insultado a nadie. Pero fue sólo un acto reflejo, porque después fue más didáctico y menos polémico. También más inteligente, porque atacó la división del centro-izquierda, el temor más fundado que pueden tener los votantes con la variopinta coalición de Prodi. «Yo he sufrido para mantener unida mi coa- lición, y tenía el partido más votado. ¿Cómo hará Prodi con 150 diputados críticos?», espetó. Este matiz de Berlusconi de admitir debilidades o problemas fue una novedad del debate, aprendida del anterior.



Vocento
[an error occurred while processing this directive]