Al igual que hiciera Rafa Guerrero, el linier que pidió a Mejuto González que señalase penalti y expulsara a Aguado en La Romareda en un Zaragoza-Barcelona, el asistente vizcaíno Gorka Guerrero -comparte casualmente apellido con el primero- dio origen el pasado sábado a una de las situaciones más curiosas que se ha vivido en un campo de fútbol en los últimos años. El colegiado Mario Gómez, que dirigía el encuentro de División de Honor entre el Sondika y el Bermeo, anuló en el descuento un gol a los costeros a instancias del citado linier, porque uno de los jugadores del conjunto 'txo' que calentaba junto a la portería saltó al campo a celebrar el tanto de la victoria antes de que el esférico entrase en la meta rival.
Corría el minuto 94 y Jonatan Espinosa, máximo goleador del Bermeo, aprovechó un error del cancerbero sondikarra para empujar el esférico a la red sin oposición. Era el 1-2, que hubiera ratificado en el liderato a los bermeotarras, tras ganar su choque en casa del segundo clasificado y, además, les hubiera permitido abrir hueco con sus rivales en la tabla.
El joven canterano de la villa marinera Arkaitz Cendagorka, que llevaba bastantes minutos calentando junto a la portería del Sondika, no pudo contener la alegría y entró en el campo para abrazar a su compañero, que se dirigía en dirección al banderín de córner. En primera instancia, el árbitro dio por válido el tanto y se encaminó hacia el centro del campo, pero su linier, que poco antes había tenido problemas con el banquillo local, levantó la bandera y tras un diálogo entre ambos anuló el gol.
Fastidiado por el equipo
Los jugadores y el cuerpo técnico de la escuadra costera se quedaron atónitos y pensaron que había señalado fuera de juego, pero al conocer la verdadera razón de la decisión no podían creer lo que estaba pasando. «Con el reglamento en la mano puede que sea así, pero hay que saber interpretar la ley, porque voy en dirección contraria a la portería y no interfiero en la jugada para nada. Además, situaciones de este tipo se dan en casi todo los partidos», recalcó Arkaitz, que recibió el apoyo unánime de todos sus compañeros.
El joven bermeotarra reconoce que está «fastidiado por el equipo y la afición». «Espero que no tengamos que acordarnos a final de temporada de los dos puntos que nos han quitado». Espinosa fue más duro y aseguró que «me siento como si me hubieran robado, pero vamos a subir a Tercera, seguro».
La sensación entre los responsables de la entidad rojilla es que el equipo se ha visto perjudicado en demasiadas ocasiones. «Tenemos mínimo seis puntos menos por decisiones arbitrales», apunto el técnico costero, Fernando Beaskoetxea.