Lo crearon cuatro amigos, literalmente, un día de febrero de 1905. El abogado Paul Harris, primer presidente, se reunió con un ingeniero, un sastre y un distribuidor de carbón para dar forma a una institución que aunara tiempo libre y voluntad solidaria. Nació en Chicago pero pronto se expandió por Norteamérica y la apertura del club madrileño, tan sólo 16 años después, inició su expansión por la Europa continental. Aunque el Rotary Club admite su tradicional vínculo con el mundo profesional y de los negocios, combate un pretendido carácter gremial.
Hoy, sus responsables también niegan adscripciones políticas y religiosas o discriminación sexual. La lucha contra el hambre y la pobreza se encuentran entre sus ámbitos de actuación, pero las áreas de presencia se abren a nuevas inquietudes globales, como la preservación del planeta o la explosión demográfica.
Estos principios han cautivado a un 1,3 millones de socios que colaboran con aportaciones económicas y participación comunitaria. Entre ellos abundan los nombres famosos. Luciano Pavarotti, Margaret Thatcher y Carlos Gustavo de Suecia, por ejemplo, se han comprometido a 'dar de sí antes de pensar en sí', un lema que han de asumir todos los miembros.