Rival sin acritud social de la otra metrópoli del país -Sydney, la que se llevó los Juegos Olímpicos de 2000-, Melbourne difunde a través del deporte su aroma de ciudad moderna, señorial y coqueta. La Volvo Ocean Race, los Juegos de la Comonwealth, el Gran Premio de Fórmula 1 y el tenis, el Abierto de Australia, el primer grande de la temporada que se celebra en el complejo de Flinders Park allá por enero. Y en la emulación de Nadal, Fereder o Carlos Moyá, los pilotos de Fórmula 1 se citaron raqueta en mano.
La iniciativa corrió a cargo del local, Mark Webber, que quiso promocionar el acto con carácter benéfico para una asociación de niños discapacitados. Y hasta las canchas se encaminaron Fernando Alonso, Giancarlo Fisichella, Christian Klien, Jarno Trulli, Alex Wurz y otros cuantos más con ánimo de pasar un buen rato y rememorar la piel tenística del país australiano, que ha exportado primeras figuras como Rod Laver, Margaret Court, Roy Emerson o Pat Cash.
La pachanga se disputó al ritmo de los torneos de aficionados: ganaba el primero que llegase a diez juegos. Las rondas se fueron sucediendo y, oh casualidad, en la final confluyeron los dos pilotos que han ganado las dos carreras inaugurales del Mundial, Alonso y Fisichella. Dos Renault.
En tono distendido, con el buen humor presente, pero con el regusto de la victoria al otro lado de la red, el español y el italiano pugnaron por el simbólico galardón. El partido se decantó rápido, 7-0 para Alonso, experto en salidas impulsivas. Remontó el paciente Fisichella, pero el resultado final quedó lejos de la riña, 10-4 para el asturiano, que también anda fuerte en la red.