Rosa Regàs responde de manera clara a la pregunta sobre de dónde saca tiempo la directora general de la Biblioteca Nacional, columnista de EL CORREO y articulista en otros periódicos y revistas, madre y abuela de familia numerosa, para escribir sus novelas y relatos. Al dato: «Duermo seis horas diarias. Trabajo diez. Y las dos que se lleva la ida y vuelta al trabajo. Son dieciocho horas. Me quedan otras seis», dice como sorprendida tras hacer la cuenta. Sorprendida, en realidad, porque «es mucho tiempo para mí sola; seis horas para mí».
Cuando tenía 40 años y «cinco hijos a mi cargo», no había un momento libre. Pero la escritora catalana (Barcelona, 1933) dispone de sus seis horitas diarias de asueto y, aunque la cabeza no siempre está para ponerse a juntar letras, produce a buen ritmo. Una novela puede llevarle «hasta tres años» de trabajo; siempre con un final conocido y toda una trama que inventar. Un relato, nunca más de un mes, y sabiendo de antemano todo lo que quiere contar en él.
Precisamente relatos son los que componen su última publicación en Planeta, 'Viento armado'. Se trata de 17 cuentos, algunos de sólo un par de páginas y otros más extensos, «contados desde distintas perspectivas y personajes, en diferentes épocas».
Hombres, mujeres, niños y ancianos, feministas, machistas, inmigrantes, obsesos, seres confiados, perdidos, ilusionados entre «azares e imprevistos» surgidos de la mente de la autora en los últimos quince años. El título, tomado de un poema de Luis de Góngora, fue difícil de encontrar. El viento como metáfora de lo que revuelve las vidas, «siempre trae algo escondido», es lo que une a los protagonistas.
La trenza roja
Algunas de las piezas suenan a autobiográficas; por ejemplo, la comodidad de un sofá naranja, la biblioteca del abuelo, la historia de la criada madre soltera y las trenzas pelirrojas de la niña a la que llamaban 'pelo panocha'. «En todos hay algo de ficción y algo de autobiográfico», explica Regàs, que admite que siempre parte de lo conocido. «Yo tenía una trenza roja cuando era pequeña, pero nunca me la cortó una monja», zanja.
La vista de la Torre Picasso que tiene otro de los personajes es la vista que disfruta desde su ventana. Los viajes son también fruto de inspiración y aparecen en el libro.
No en vano la escritora catalana -fundadora de la editorial La Gaya Ciencia, traductora para la ONU y directora del Ateneo Americano de la Casa de América de Madrid hasta 1998- ha publicado diversos libros de viajes y ganó el Premio Grandes Viajeros 2005 con 'Volcanes dormidos'. Pero el hecho de que haya experiencias reales en sus ficciones, y alusiones a la sociedad contemporánea, no debe despistar. «Soy escritora, no socióloga; no escribo para sacar conclusiones de la realidad», explica la autora.
Escribe para crear «un mundo que se convierte en lo más importante mientras lo creo». Sobre porqués en cuanto a estilos, estructuras, extensión y la forma que adquieren sus relatos y novelas, prefiere no hablar. «El escritor se mueve por la intuición; analizarlo es cosa de la sabiduría del crítico», resume.
Eso sí, si hay que buscar una razón al resultado de las letras que conjuga, es que «cada cosa requiere su voz y su tiempo». En 'Viento armado', de hecho, voces y tiempos a veces revueltos.