Abandonó Elgoibar entre aplausos y fue recibido en Madrid entre insultos y abucheos. El viaje que realizó Arnaldo Otegi hasta la capital de España para presentarse ante el juez Fernando Grande-Marlaska fue un reflejo de las filias y fobias que despierta el portavoz de Batasuna.
La salida de su localidad natal fue entre vítores. Hasta su domicilio acudieron los miembros de la mesa nacional de la formación ilegalizada Jone Goirizelaia y Karmelo Landa. Los tres abandonaron el inmueble rodeados por medio centenar de simpatizantes de la izquierda abertzale congregados tras una pancarta en la que podía leerse en euskera 'La represión no es el camino. Paz en Euskal Herria. Arnaldo, el pueblo contigo'. Entre gritos de apoyo y aplausos, el portavoz de Batasuna montó en un vehículo y salió rumbo a Madrid. Eran las 11.40 horas.
Para las 17.15 estaba a las puertas de la Audiencia Nacional. La escena era muy diferente. Apenas dos decenas de ultraderechistas con símbolos falangistas y banderas preconstitucionales le recibieron con insultos, que también dirigieron al fiscal general del Estado. Otegi subió los escalones de la entrada, se giró, les dedicó una sonrisa y alzó el puño. Los manifestantes le lanzaron varios objetos que no le alcanzaron. El grupo ultraderechista acabó agrediendo a varios periodistas y enfrentándose con la Policía, que había montado un fuerte dispositivo.