En vez de sangre, es posible que sea corriente eléctrica lo que circula por las venas de Iñigo de Oriol, que pertenece a una larga saga familiar dedicada a este sector. Fiel a la tradición, él se introdujo en el mundo del kilowatio nada más licenciarse en Derecho en la Universidad Central de Madrid, origen de la Complutense. Con sólo 24 años se incorporó a Hidroeléctrica Española (Hidrola), en la que su padre, José María, le hizo pasar por distintos cargos y departamentos hasta que la conociese de cabo a rabo. En 1985 accedió a la presidencia de la empresa.
Iñigo de Oriol fue quien alumbró Iberdrola en 1992 al impulsar la fusión un año antes entre Hidrola e Iberduero, que presidía Manuel Gómez de Pablos. Él mismo recordó ayer, durante una comparecencia pública previa a la junta de accionistas de hoy, el gran éxito que supuso esa operación a pesar de que el primer contacto para llevarla a cabo no salió bien. «Pero en diez días estábamos casados y, a partir de ahí, sólo se hablaba de Iberdrola».
También es suyo el mérito de ir transformando la compañía para adaptarla a los tiempos, en un sector que ha cambiado mucho y muy rápido como consecuencia de la liberalización. Su valor se ha multiplicado por cinco desde su nacimiento, hasta alcanzar en la actualidad una capitalización bursátil superior a los 24.000 millones de euros. Hoy se despide de los accionistas de la compañía en la junta que se celebra en el Palacio Euskalduna, de Bilbao, que le rendirá homenaje, aunque el relevo oficial no se pronunciará hasta el consejo de administración del 26 de abril.
Cuatro 'opas'
No ha sido un camino fácil. En una reciente intervención en la patronal Unesa, de la que es presidente, dijo haber soportado hasta cuatro 'opas' en esta larga trayectoria, aunque la única lanzada oficialmente fue el intento de compra hostil por parte de Gas Natural en 2003. La fusión con Endesa en 2001, por contra, fue una operación promovida por él mismo, aunque fracasó por los obstáculos que puso el Gobierno.
Para traer la nave hasta el puerto en el que la deja, Oriol ha tenido que recurrir en muchas ocasiones a su gran habilidad para conciliar distintas posiciones. Los que le conocen también destacan la forma en la que ha preparado su propio relevo cuando decidió que era el momento de retirarse al cumplir los 70 años. Él mismo eligió a su sucesor, Ignacio Sánchez Galán, tras considerar que la empresa necesitaba renovarse con un estilo de gestión diferente, menos paternalista y más adecuado a los nuevos tiempos que corren. Asimismo, entendió que una persona como el actual consejero delegado de Iberdrola viene para mandar y ha sabido dejarle hacer. Ayer dio un buen ejemplo de cómo ha sabido ceder el protagonismo y el poder a su sustituto al reducir al mínimo su intervención durante la rueda de prensa previa a la junta.
Amante de la Historia
Él se ha colocado en un discreto segundo plano, mientras Galán tomaba decisiones como el acuerdo sellado con Gas Natural en el marco de la OPA lanzada por el operador gasista sobre Endesa, con el apoyo de Oriol en todo momento.
Esta operación ha generado, en su despedida, un conflicto en Unesa, la patronal del sector fundada por su padre y a la que se siente muy vinculado sentimentalmente. Las demás compañías eléctricas, lideradas por Endesa, criticaron a Iberdrola por el acuerdo con Gas Natural. Oriol, que se ha esforzado por mantener viva la organización pese al enfrentamiento, quiere zanjar la crisis y recomponer la situación antes de abandonar la presidencia de la misma. Por el momento ya ha normalizado las relaciones con el máximo responsable de Endesa, Manuel Pizarro, y espera alcanzar una solución definitiva para su relevo en breve.
Sus allegados aseguran que no va a ser un jubilado 'aburrido' gracias a sus numerosas aficiones. Le encanta leer libros de Historia y recorrer los lugares que la tienen. Él mismo ha hecho historia al ser el miembro más joven del Consejo del Reino que incluyó a un entonces casi desconocido Adolfo Suárez en la terna de posibles candidatos a la presidencia del Gobierno que fue presentada al Rey en los albores de la Transición para poner los cimientos de la democracia. También participó en la creación de la patronal CEOE en 1977.
Le gusta también mucho el campo -se recluye a menudo en su finca de Cáceres- y los coches. Se compra todas las revistas relacionadas con el motor. Es un auténtico experto en la materia, según sus allegados. Sus amigos le consideran un gran conversador, irónico y socarrón, «al que es difícil parar cuando se lanza». Es, asimismo, un hombre muy familiar. Está casado con Virginia Ybarra Güell y tiene tres hijos. Uno de ellos, Víctor, le sustituirá en el consejo de Iberdrola cuando lo abandone el próximo 26 de abril. Es un fumador empedernido, un hábito que no ha conseguido dejar pese a haberlo intentado en numerosas ocasiones.