Nadie trabaja ya en los pabellones de Adurza donde durante décadas el sonido de la sirena llamó al trabajo a tres centenares de operarios en Esmaltaciones San Ignacio, una de las industrias representativas de Vitoria. Los terrenos, donde se harán casi un millar de viviendas, buena parte tasadas, son ahora un escenario post-industrial. Naves sin techumbre, oficinas desiertas, ni rastro de maquinaria, silencio. La promotora que se hará cargo de la reconversión de la zona -la firma local Urvasco- ha comenzado ya el desmantelamiento y la descontaminación de los pabellones de la fábrica de esmaltes. Desaparecerán, según las previsiones, este mismo año.