Una viuda que narra con un monólogo su triste vida delante del cadáver de su marido; una mujer desesperada que lucha por sacar a su hija del abismo; la directora de una academia de jóvenes promesas del espectáculo. Todas ellas con la calidez de una misma voz, la de la veterana actriz Lola Herrera. En reconocimiento a tanto esfuerzo recogió anoche el premio Ercilla de teatro, en la categoría de Trayectoria Profesional. Aunque, dice ella, «el verdadero galardón es poder trabajar a lo largo de mi vida en una profesión que he elegido».