El Correo Digital
Domingo, 26 de marzo de 2006
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EL BAFLE
Festival de bolsillo
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A ver si, en su relación calidad-precio, el gran festival estival de rock que acoja el monte Cobetas iguala al Noise On Tour Rocks que viernes y el sábado ha reunido a la rockería indígena en la sala Santana 27 para disfrutar de seis combos de fuste. Este minifestival es efectivo como un portaviones de escolta o un submarino de bolsillo y, quien no lo crea, que pregunte a los torpedos humanos que disfrutaron a saco. Y no nos referimos a nosotros, que nos agenciamos un pase 'all areas' (todas las zonas; esto se lo explicamos al compañero Olmo) y nos pusimos hasta arriba, claro. No somos de piedra.

Abrieron la tripleta del primer día los londinenses The Bevis Frond, una merecida leyenda del rock lisérgico británico que, a tres guitarras solistas, se dejó llevar por buenos karmas que pisaban en el rock progresivo de Dan Caballero, el rollo fumeta de Kyuss, el protohard de Black Sabbath y la exploración sensorial de los primeros Pink Floyd. Fue un viaje sólido, con guiños a Doors y Kinks, lástima que quebraran el nirvana con los cinco solos sucesivos y sin sentido finales, una broma demasiado alargada.

En segundo lugar, guerrearon los Cynics, otra leyenda, ésta del revival garajero de los 80. Los de Pittsburgh se fajaron a machete y montaron un tumulto en las primeras filas (a poco llega la sangre al río) sostenidos por una rubicunda, febril y juvenil base rítmica, encofrados con los guitarrazos de manual del severo Gregg Kostelich y amenizados por el salvaje y salido vocalista Michael Kastelic, que rugió a dos tempos: garaje primate y fuzztónico en plan Sonics, y gotitas de lisergia vía 13th Floor Elevators.

Cerró la terna The (International) Noise Conspiracy, combo sueco, pijo pero de combate, liderado por Borjamari Svenson o algo así, un tirillas acelerado y con la mirada reflexiva que operó cual híbrido de Mick Jagger y James Brown y que lanzó el micrófono con una pericia que envidiaría Loquillo. Sí, los más jóvenes flipaban y las chavalas se enamoraron ante su cóctel de soul, garaje y funk, aunque, si uno se fijaba, descubría las coreografías meditadas y hasta la demagogia: el vocalista, que nos llamaba españoles, nos lisonjeó soltando que en Bilbao sí entendemos la revolución. Tranquilos, en El Bafle no escribiremos sobre la tregua. «Pura pose», juzgó Iñaki Orbezua, de los Shannons. Ya.



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