-La gente suele estar muy nerviosa cuando acude al notario.
-Sí, porque acuden para realizar actos de gran trascendencia. El testamento, la herencia de una persona cercana fallecida Y eso se percibe. Las mujeres tenemos una especial empatía y sensibilidad. Percibimos la emoción que sienten. Se les llenan los ojos de lágrimas.
-¿Les enseñan a tratar esas circunstancias o aprenden por su cuenta?
-Nunca nos enseñaron pero las mujeres ahí tenemos un valor añadido porque somos especialmente sensibles.
-¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
-La relación con las personas. Es difícil imaginar lo gratificante que puede llegar a ser. A veces acuden a la notaría a consultar cuestiones privadas.
-Habrá algo que no le guste.
-El ritmo a que estamos obligados a veces. Es una cuestión del siglo XXI.
-¿Por volumen de trabajo o por premura?
-Hay que hacerlo demasiado rápido. Un documento exige elaboración y unos plazos. A veces, la redacción es párrafo a párrafo, es una labor creativa. No se puede hacer contrarreloj. Hoy está mercantilizado, quizá la banca influya en ello.
-¿Ha sentido miedo de fallar?
-Yo creo que un punto de tensión siempre es bueno. Hay que sentir miedo cuando se pierde el miedo al documento. La experiencia siempre juega a favor.