El Athletic reclamó anoche la permanencia. Lo hizo con un justo triunfo ante Osasuna, en uno de sus mejores partidos de la campaña en San Mamés. El equipo rojiblanco tuvo fe y una gran determinación. Decidió jugársela a intentar arrollar al mejor Osasuna de la historia, cosa que logró ampliamente y además con el mérito añadido de que esta vez apenas sufrió en defensa. La ventaja hubiera podido ser más clara si el árbitro hubiera reparado en los dos claros penaltis, uno en cada tiempo, que le hicieron a Aduriz al agarrarle en el área, o si los rojiblancos hubieran tenido algo más de puntería en sus decenas de llegadas.
Muy juntos, sin que esta vez las líneas estuvieran desequilibradas, todos los jugadores rojiblancos pueden enorgullecerse por haber firmado una gran actuación ante un Osasuna al que le pesó San Mamés y, sobre todo, el altísimo ritmo que le aplicó el Athletic, que acabó por ganarle con una de sus armas preferidas, jugando a elevadísimas revoluciones.
La sensación con la que los entusiasmados hinchas abandonaron el estadio es que las bases de la permanencia ya están puestas. A la espera de lo que suceda hoy, los bilbaínos se distancian cinco puntos del descenso y se colocan en la decimosegunda posición, el mejor lugar en el que han vivido desde que comenzó la pesadilla.
Clemente, una vez más, sorprendió con su alineación. Dejó en el banquillo por segundo partido consecutivo en Bilbao a Urzaiz pese a que había proclamado que no iba a Balaídos para tenerle fresco en los dos choques consecutivos de San Mamés. La apuesta del entrenador en punta fue por Aduriz y Etxeberria, dos jugadores muy de su gusto porque trabajan a destajo y desgastan a las defensas con sus caídas a una y otra banda. Al delantero navarro se le echó de menos especialmente con los numerosos balones que, esta vez, centró bien el grupo rojiblanco desde los costados. En todo caso, la decisión del técnico acabó convertida en un acierto porque, aunque fue un central el que marcó, el equipo mostró tener alternativas en ataque.
Con la suplencia de Urzaiz y la vuelta al medio centro de Murillo, y además en casa, Clemente transmitió un mensaje inequívoco. Buscaba un partido de sudor, sufrimiento y entrega sin límites, las consignas que con más fervor había lanzado en el vestuario. Su plan quedó claro desde el minuto uno. El Athletic fue un equipo muy revolucionado, siempre encima de los navarros.
Atrevidos en ataque
Pero todas las precauciones defensivas se convirtieron en atrevimiento en ataque. Con la garantía de tener las espaldas bien cubiertas por Murillo, se vio al mejor Orbaiz del ejercicio. El navarro pudo desatenderse de la labores defensivas y concentrarse en su condición de lanzador de los anoche muy activos Etxeberria, Iraola y Yeste.
El Athletic fue más serio que otras veces e hizo sufrir a sus aficionados menos que en otras ocasiones porque el sentimiento general en el campo era que el esfuerzo titánico del equipo iba a tener premio en algún momento, como así fue, aunque ciertamente el juego tuvo más ritmo que remate.
Osasuna vive en pleno éxito, pero San Mamés no comprobó por qué. Fue un grupo demasiado timorato y con aspecto de confiar todo a su defensa. De hecho, abandonó Bilbao con sólo dos remates, de Webó ambos.
El equipo rojiblanco nunca perdió la cara al partido y se dio el gran gustazo en el minuto catorce de la segunda parte. Yeste lanzó una falta marca de la casa. Muy cerrada y con efecto. Prieto apareció con determinación en el segundo palo para rematar a gol. Una especialidad de este equipo, que ha anotado con la cabeza doce de sus 32 tantos y sólo ha cedido de esta forma siete.
El gol supone un premio merecidísimo para Luis Prieto, que se coloca de forma inesperada como segundo goleador del equipo con sus cuatro tantos, sólo superado por los seis de Aduriz. Paradójicamente, el central de Dima es el máximo goleador de los que comenzaron la temporada.
Osasuna recibió el tanto como una puñalada. A Javier Aguirre no le quedó otro remedio que enviar a sus jugadores por fin arriba. Era el momento en el que este Athletic predestinado a sufrir diera la talla. La hora de la firmeza defensiva. Misión cumplida, porque los navarros sólo fueron capaces de recaudar una ocasión, un remate de Delporte que se fue alto y desviado. De hecho, la única tensión que se vivió en San Mamés fue por la doble expulsión de Urzaiz y Delporte en el descuento. El paso de anoche parece decisivo. Tras un año de agonía, el Athletic tiene la permanencia en la mano.