El Correo Digital
Domingo, 26 de marzo de 2006
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CULTURA
FERIA DE CASTELLÓN
Ferrera, corneado
Ferrera, corneado
COGIDA. El toro empitona al diestro al entrar a matar. / EFE
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El mejor toro de la corrida de Victorino le pegó a Antonio Ferrera una grave cornada. Fue en el embroque de la estocada. Cornada certera y seca: primero, Ferrera levantado por el derrote del toro; y luego, volcado cabeza abajo con el pitón todavía dentro. Sangró mucho el torero, que no pudo ponerse ya de pie. Grave la cornada, pero pudo serlo mucho más, porque el toro le rozó la femoral. El Fundi se deshizo del toro de pinchazo, estocada caída y descabello.

Se dejó sentir el brutal impacto del suceso. La gente tardó en reaccionar, pero lo hizo: muchos pañuelos al aire, o almohadillas blandidas, que con efecto retardado pedían la oreja. El toro estaba a punto de ser enganchado al tiro de mulillas. El presidente sacó entonces el pañuelo azul para premiar con la vuelta al ruedo al toro. Fue protestada la decisión por quienes entendieron que el premio era exagerado y, sobre todo, por cuantos entendieron que con un torero herido de gravedad no procedía premiar al toro y sólo al toro. Ésta de Castellón hace ya la cornada número veinte de gravedad en el historial de Antonio Ferrera. Veinte, que son muchas para un torero tan joven.

Por lo demás, Padilla le cogió el aire con no poco talento a un segundo de corrida musculoso, pura viveza, bien rematado, y agresivo, gazaponcete, mirón, de bravo fondo. Nada sencillo.Pero todavía más listo que el toro anduvo Padilla, que lo trajo tapado, lo despidió en línea, lo esperó tapado cada vez que volvió, le supo perder pasos, que era lo que aquí procedía y, en fin, lo acabó llevando hasta despacito. Todo en los medios. Y una estocada casi fulminante de esa que llevan la firma de Padilla: en corto, la espada calada como una bayoneta que alarga el brazo desde el hombro hasta la misma punta del filo.

El Fundi anduvo seguro en el toro que abrió la corrida. Oficio y autoridad de torero con agallas y escamas. En la primera mitad, en fin, compartieron banderillas los tres matadores. Certeros los tres. Fácil por el pitón izquierdo El Fundi, puro Padilla, espectacular Ferrera.

La segunda mitad de corrida la protagonizó un quinto toro fuera de tipo: acaballado, pellejudo, cabezón, con aire de toro viejo. Hubo bronca: unos pedían la devolución del toro por manso; otros, las banderillas negras; y otros reclamaban que Padilla banderilleara, que no parecía muy dispuesto, pero accedió. Y luego, con el toro plantado, negado, Padilla se inventó un macheteo por la cara pero metiéndose en los costados. Sólo ese macheteo puso a la gente de pie. Habría sobrado. Pero Padilla lo intentó dos veces más. Ya no tan lúcidamente. Una gran estocada. Una oreja. Difícil.

De los otros dos toros que mató El Fundi, uno, el de su lote, lo toreó con cabeza, riesgo y criterio. Una faena que no fue para la galería, pero sí para catadores.



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