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Sábado, 25 de marzo de 2006
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SOCIEDAD
 
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A clase. Un grupo de asistentes a una de las sesiones de la escuela expone sus temores y comparte sus experiencias como padres y madres. / jordi alemany
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Pasa frecuentemente. Para cuando uno aprende los trucos de ser padre o madre, la criatura ya se las sabe todas: evadir un castigo, esconder una trastada, insistir ante un capricho hasta conseguirlo... En resumen, 'camelarse' a sus progenitores. Cuando uno se da cuenta, es demasiado tarde. Ya no valen la actitud autoritaria ni la negociadora, la amistosa o la liberal. Entonces surgen las dudas. ¿Seré buen padre? ¿Por qué no consigo que me obedezca? En la mayoría de los casos, la falta de disciplina tiene solución. A la hora de educar no hay fórmulas mágicas, pero existen algunas pautas que se pueden seguir y que, a la larga y con paciencia, pueden dar muy buen resultado.
 
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