Sonia Gandhi, heredera de la dinastía que ha dominado la historia de la India independiente, renunció ayer a su escaño parlamentario a causa de las críticas recibidas por desempeñar varios cargos públicos, aunque dejó claro que seguirá en la política. Se trata del segundo adiós de esta italiana nacionalizada india desde que, en mayo de 2004, descartó ser primera ministra pese a haber ganado las elecciones al frente del Partido del Congreso, también por la fuerte contestación creada por el hecho de ser extranjera.
«Siempre he dicho que no me metí en política por ningún objetivo personal; entré para servir al país y para proteger las ideas seculares», dijo la presidenta del gobernante Partido del Congreso entre las manifestaciones de apoyo de sus partidarios.
La viuda del ex primer ministro Rajiv Gandhi, asesinado en 1991, renunció de improviso a su asiento en la Cámara y a la presidencia del Consejo Asesor Nacional tras la polémica creada por compatibilizar esos dos puestos, ambos remunerados. La decisión, que tomó por sorpresa a muchos de sus correligionarios, estaría destinada a desactivar mayores críticas y evitar una crisis a su partido, según analistas indios.
«Es lo correcto», dijo Sonia, de 59 años, cuya decisión ha sido apoyada por su hijo Rahul, en quien muchos tienen depositada la esperanza de que recoja el relevo de su bisabuelo Nehru, su abuela Indira y su padre Rajiv, todos ellos primeros ministros.
Apoyo del Gobierno
El actual jefe de Gobierno, Manmohan Singh, destacó que la decisión de Sonia demuestra un «compromiso con los valores morales que no se encuentra a menudo en nuestro país».
La Constitución india impide que los ciudadanos que forman parte del Parlamento reciban dinero por otros puestos públicos y recientemente el Partido del Congreso forzó por esta razón la dimisión de una senadora, Jaya Bachchan, esposa del actor indio más famoso, Amitabh Bachchan.
El Gobierno preparaba un decreto que cambiaría la ley de compatibilidades para 62 cargos públicos de forma que pudiesen ocupar varios puestos y que, según las fuerzas opositoras, estaba destinado a proteger a Sonia.
La siempre combativa oposición del Bharatiya Janata Party (BJP), los integristas hindúes a los que Sonia Gandhi se impuso contra pronóstico en las elecciones de 2004, fue muy crítica con la segunda «espantada» política de la italiana.
«Estoy triste al ver que alguna gente piensa que esto se ha hecho para escudarme», apuntó Sonia Gandhi mientras miles de simpatizantes se agolpaban a las puertas de su residencia oficial. En cualquier caso mantendrá su poderoso puesto de presidenta del partido gobernante, desde el que rige los hilos de numerosas estrategias políticas.