Sevilla. Entre 1590 y 1630; apenas 40 años en los que se alumbra uno de los mayores cambios habidos en la pintura española: un halo de humanidad se colará por fin en los temas convencionales y la pintura controlada por reyes, aristócratas y eclesiásticos. La capital económica de la España de entonces reúne las condiciones idóneas para ello. Principal puerto del comercio con las Indias en los dominios del más importante imperio de la época, y por ello una de las ciudades más cosmopolitas de Europa, lo tenía todo: clases pudientes, incluida la Iglesia, y artistas.