La mayoría son patos y ocas, pero también se pueden encontrar ejemplares de pavos reales y hasta faisanes. Son las aves que desde hace seis años han convertido a las riberas del Ebro en otro aliciente más para los mirandeses. Sobre todo para los más pequeños que pasean por la zona acompañad de sus padres o abuelos. «Están entusiasmados con ellos y es lo que nos anima a seguir con este proyecto», comenta Pablo Sevilla.
Esta fauna acuática se distribuye en dos sitios muy concretas del río a su paso por la ciudad. «Una parte de la población se ha concentrado en la zona que hay debajo del puente de Hierro y junto a la central hidroeléctrica», detalla. Éste es el lugar elegido por medio centenar de estas aves que viven de manera autónoma, «en libertad total», precisa. Añade que antes estaban en las casetas de la isleta, pero que al haberse hecho autosuficientes ya no van ni a comer ni siquiera a los comederos.
El resto, el grupo donde predominan las ocas, está localizado en el recinto natural de la isla. «A unos 300 metros aguas abajo, entre el canal y el cauce del río». Se trata del sitio que contiene las tres casetas y donde las aves están más controladas.
Pablo Sevilla se muestra orgulloso de la acogida ciudadana que han tenido estos animales en Miranda. De hecho, asegura que ha permitido transformar el paraje de La Arboleda en un auténtico paseo cuando antes era sólo «un parque residual», resaltó.