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Carmen Maura: «No quiero que los hombres me metan cosas en el armario»
'Volver' supone su reencuentro con Almodóvar tras casi veinte años de separación profesional
Carmen Maura: «No quiero que los hombres me metan cosas en el armario»
DE VUELTA. «Me noto más pasota». / REUTERS
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'Volver' pasará a la historia como la película de la reconciliación entre Pedro Almodóvar y su actriz-fetiche, Carmen Maura. Llevaban más de 17 años casi sin hablarse, y el resultado demuestra que el reencuentro ha merecido la pena. Maura interpreta con esa naturalidad tan suya a la madre de Penélope Cruz, o mejor dicho, a su presunto fantasma. La actriz madrileña vive a los 60 años un momento dulce. Reconciliada también consigo misma y con su soledad, dice no renunciar a los hombres, «pero no quiero que me metan cosas en mis armarios».

-El suyo es un papel regalo, ¿no?

-Sí, pero el mayor regalo ha sido volver a encontrarme con Pedro. Es algo tan fuerte que está casi por encima de la película.

-Fue él quien acudió a usted.

-Vino a mi casa, sí.

-¿Habría ido usted a la suya?

-No. Pero no por orgullo, sino porque nunca he ido donde un director a pedirle un papel. Mi confianza como actriz en el plató se basa en que él me ha elegido; si no, no tendría la seguridad que tengo. Yo nunca haría como Meryl Streep, eso de disfrazarme para ir a ver a un director a ver si me elige. Siempre pensé que cuando volviera a trabajar con Pedro sería porque él me vería idónea para un personaje y querría que lo hiciera.

-¿Se habían reconciliado ya a nivel personal?

-Bueno, nos habíamos encontrado muchas veces. Yo estuve en Cannes, sobre el escenario, cuando le hicieron un homenaje. Habíamos cruzado palabras, pero no habíamos estado así, solos los dos... El día que Pedro vino a mi casa estábamos muy nerviosos. Bueno, yo estaba muy nerviosa, aunque creo que lo disimulaba mejor que él, porque, claro, soy actriz. Fue muy Yo qué sé, de esas cosas que pasan en la vida y que no se te olvidan nunca. Cosas que van por encima del trabajo. Y luego, empezar a trabajar y ver que ese juguetito que teníamos funcionaba igual de bien que siempre...

-Ha definido su complicidad con él como algo mágico.

-Cuando nos conocimos, yo misma me sorprendí. De repente, éramos dos tipos completamente distintos: él supermoderno, yo estaba recién separada, con hijos, de una familia que no tenía nada que ver con el mundo este... Y de repente congeniamos de una manera tan fuerte... Hablábamos tanto, nos reíamos tanto... Le entendía a la perfección y eso era algo mágico, porque no teníamos nada que ver.

-Su personaje tiene una mirada muy especial. ¿De dónde la saca?

-No ensayo nunca con espejos, ni miro la televisión esa que está en el rodaje, el famoso combo. Trabajo siempre desde dentro, así que no sé el resultado. Yo soy la primera que me sorprendo a veces cuando me veo en una película, porque no sé por qué he puesto esa cara. Lo único que hago es aprenderme muy bien el guión y luego pensarlo. Las caras te salen solas cuando te metes en situación. Con Pedro estaba tan acostumbrada a trabajar rapidito... Ha sido bastante sencillo. Bien es verdad que ahora es rarísimo que me ponga nerviosa en un rodaje, porque la relajación hace que lo hagas mejor.

-¿La relajación?

-Sí, a la cámara le gusta mucho vernos relajadas. La cámara es un aparato bastante traicionero. Si te ve nerviosa, se pone un poco 'hijaputa'. Es necesario que te vea toda tranquilita y entonces ella te hace la mitad del papel.

-En esta película hay madres dispuestas a violar la ley para defender a sus hijas. ¿Lo entiende?

-No he vivido esos extremos, pero sí que puedo imaginar que como madre se pueden hacer muchas cosas.

-Raimunda asume el crimen de su hija. Dice: 'Lo he hecho yo'.

-Eso es precioso. Como madre la entiendo perfectamente, porque una siempre preferiría cargar con las culpas de los hijos. A los hijos los quieres de una manera que no se puede explicar. No me puedo ni imaginar que a una hija mía le pasara lo que ocurre en la película. Son esas situaciones en las que piensas que matar no es una cosa tan difícil. Y que hacen que de repente te apetezca matar... De hecho, alguna vez a mí me ha apetecido.

-¿Matar?

-Sí, en situaciones límite. Pero ya no le doy más datos.

-Su ética se lo impide.

-Sobre todo, mi sentido práctico: no quiero ir a la cárcel.

El vicio de la soledad

-¿Está de vuelta de muchas cosas? ¿De París, por ejemplo?

-Yo siempre estoy paseándome. Sobre todo porque me gusta que no sepan muy bien dónde estoy. Tengo distintos sitios: el campo, París, Madrid... Me gusta desaparecer, porque si no la gente se empacha. Ahora estoy saliendo mucho, pero dentro de nada voy a desaparecer como un fantasma. No es que esté de vuelta de muchas cosas, pero sí que con la edad te vuelves más tranquila. Te pones furiosa con menos cosas, te ríes más de todo. Y vuelves a ser casi un poco más infantil. Yo me noto más pasota.

-¿Justo ahora que es abuela?

-Pues sí. Tengo una nieta estupenda, de tres años, que ahora mismo es una de mis mejores amigas. Sé que para ella voy a ser una abuela divertida. Tiene dos abuelas completamente diferentes: los dos tipos de abuela que se pueden tener. La otra es supergenerosa y cocina fenomenal. Yo no le cocino especialmente, pero jugamos a cosas muy divertidas.

-¿Ha aprendido a vivir sola?

-Me encanta vivir sola; pero es algo muy difícil de aprender. Creo que ya en los colegios deberían impartir clases de soledad. Los primeros días de vivir sola, cuando me separé con 25 años, me resultaron durísimos. Pero luego te acostumbras. La soledad tiene tal cantidad de ventajas... Lo que pasa es que también coges el vicio y luego ya te vuelves, no sé si llamarlo egoísta...

-Lo cual no significa que pase de los hombres.

-No. Lo que ocurre es que no quiero que me metan cosas en mis armarios. Los hombres siempre me han gustado mucho. No he tenido excesiva suerte en mis historias... Vamos, en las gordas, porque luego he tenido pequeñas historias muy bonitas.

-Volviendo a Almodóvar, ¿le perdonó pronto?

-En realidad, me curé de aquello a los pocos meses de haber ocurrido.

-Nunca han contado lo que pasó.

-A mí es que ya se me ha olvidado.

-¿No sufrió su vanidad al verse con ese aspecto de muerta?

-Mi vanidad no, pero no sabe el 'shock' que tuve el día que vi la película. Y eso que a mí no me importa salir fea. Los personajes tienen que ser creíbles, es fundamental. Y el público, cuando te ve creíble, te quiere. Aún así, he visto la película dos veces y no pienso verla más.

-¿Pedro ya le advirtió que su papel era poco fotogénico?

-Sí, cuando vino a mi casa, me preguntó si estaba dispuesta a salir destrozada. Él ya sabía que le iba a decir que sí. En todo caso, cuanto más fea y más horrible sales, más premios te dan, ja, ja.



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