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Miércoles, 15 de marzo de 2006
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OPINION/La historia completa
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Un tanque participa en el asalto a la cárcel palestina. / AP
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Tropas israelíes asaltaron ayer la prisión de Jericó, en Cisjordania.Tras abandonarla los observadores británicos y norteamericanos, mataron a dos guardias palestinos y capturaron a un cierto número de activistas detenidos allí para evitar la eventual liberación de los responsables del asesinato del ministro israelí de Turismo, Rehavam Zeevi, en 2001.

El Gobierno israelí dio la orden porque el presidente palestino, Mahmud Abbas, hizo comentarios -imprudentes y poco explicables en hombre de su experiencia- sobre su «disposición» a liberarlos, se supone que en el marco de una amnistía, aunque matizó que ya lo había sopesado el año anterior y lo había excluido.

El comentario suscitó tanta alarma que los observadores británicos y norteamericanos presentes en la cárcel abandonaron sus puestos antes de que llegaran los tanques y la infantería israelíes, lo que sirvió para que el propio Abbas hiciera a Londres y Washington «enteramente responsables» de lo sucedido mientras palestinos furiosos arremetieron contra intereses británicos y el ministro Straw decía en Londres que su Gobierno ya no está vinculado por la operación.

Tal operación fue un ingenioso arreglo al que se llegó a principios de 2002. Israel exigió imperativamente a la Autoridad Nacional Palestina que detuviera y procesara a los responsables políticos y materiales del asesinato de Zeevi, todos militantes del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). Y para urgirla, estrechó hasta hacerlo insoportable el cerco que mantenía en torno a la Mukata, las oficinas del presidente Arafat en Ramala.

El acuerdo fue que serían arrestados y encarcelados en una prisión palestina y que su encierro estaría bajo control de personal penitenciario de confianza, americano y británico. Y así se hizo y la fórmula dio, más o menos, satisfacción a todo el mundo y fue alabada por ingeniosa y pactada y porque alivió temporalmente la humillación a que se sometía al presidente Arafat, prisionero de hecho de Israel y citado de vez en cuando como asesinable.

Y esto es lo que se ha contado desde ayer con detalle y veracidad, pero con la general ausencia de un dato clave: el general Zeevi fue asesinado en octubre de 2001 en ejecución de las represalias que anunció el FPLP después de que los israelíes asesinaran en agosto del mismo año a su secretario general, Abú Ali Mustafá.



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