Los atraparon a todo correr el pasado 3 de marzo y los internaron en un invernadero de un antiguo vivero de Loiu. Días antes, dos patos habían aparecido muertos en el parque bilbaíno de Doña Casilda Iturriza y el Ayuntamiento se aprestó a retirar a sus compañeros del estanque donde pasaban sus días picoteando las migas que les arrojaban niños y paseantes sobrados de tiempo. «Fue una medida preventiva. Tratamos de evitar la preocupación de los vecinos ante la gripe aviar», explicaba ayer el concejal Joseba Ruiz de Loizaga.
Pero la mala pata ha querido que la requisa tuviera lugar precisamente durante la época de puesta de estas aves. A consecuencia del estrés de la captura y del traslado, las hembras han dejado de poner huevos. Es cierto que siguieron haciéndolo dos días después de su llegada a Loiu, pero las dimensiones del nuevo recinto donde han sido ubicadas, cubierto por redes para evitar que las aves domésticas puedan entrar en contacto con las migratorias, y la extrañeza por el entorno interrumpieron el proceso.
Sin embargo, poco a poco, las aves se están acostumbrando a su nuevo emplazamiento. Para que se sientan más a gusto, el Ayuntamiento de Bilbao trasladará en breve al invernadero las casetas del parque donde se cobijaban las aves. El personal que las cuida (baño diario, maíz en abundancia, un pequeño estanque, visitas periódicas de un veterinario) confía en que, en breve, las hembras de cisnes, pavos reales, gansos, ocas, ánsares caretos, ánades reales y silvones, porrones moñudos y patos mandarín y cuchara, reanuden la puesta y saquen adelante a sus crías. Aunque el lugar no sea el mejor. «Acostumbrados, como estaban, a la libertad, sabemos que este emplazamiento no es el adecuado. Una jaula, aunque sea de oro, es una jaula», reflexionaba el concejal Ruiz de Loizaga, quien adelantaba que el parque de Doña Casilda va a volver a ser rellenado con agua, para evitar a los viandantes la tristeza de ese paisaje desolado. «Me duele que no haya patos en el parque. Los bilbaínos hemos perdido un signo de identidad. Pensamos poner peces, pero no es lo mismo», cabeceaba.
Al centenar de inquilinos de las instalaciones municipales se sumarán la veintena de ejemplares que viven en libertad junto a la ría -«los listos», como les llaman-, si consiguen capturarlos. Un intento realizado ayer por los bomberos se saldó sin éxito. Sólo se llevaron la caseta.