Parece que los Premios Max de este año reflejan en cierta forma un recambio generacional que se consolida con más solvencia en el teatro español. Por ejemplo, el triunfo de Animalario implica algo más que su decantación inicial por la parodia y la sátira, ya que su 'Hamelin' es un paso adelante en la auténtica dramaturgia de texto y reflexión.
De igual manera, la exitosa nueva generación de Juan Mayorga y Andrés Lima ha logrado atraer la atención de los críticos a base de un realismo y una actualidad que no renuncian a las mejores raíces del teatro de siempre.
De otro lado, también el éxito de Dagoll Dagom y su 'Mar i cel' es una nueva forma de entender las coproducciones con las compañías privadas por parte del Teatre Nacional de Cataluña, lo cual se ha traducido a la postre en un musical por encima de esa moda de montajes simplistas con canciones de éxito, medios tecnológicos y coreografías vistosas.
Obviamente, y dejando al margen el éxito de público y taquilla logrado por 'Mar i cel' y el ya maduro grupo Dagoll Dagom, no parece que este recambio generacional plasmado en los Premios Max tenga todavía un respaldo popular, ya que las cifras de espectadores y recaudación siguen empeñadas en beneficiar a los musicales de importación y al teatro más comercial.
Una pena, por lo tanto, que los premios y el público tengan opiniones dispares.
e.portocarrero@diario-elcorreo.com