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Miércoles, 15 de marzo de 2006
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CULTURA
TOROS
Firmeza de Serafín
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FALLAS
Valencia. 4ª de feria. Media entrada. Soleado, fresco. Algo de viento.

Cuatro toros de Alcurrucén (Hermanos Lozano) y dos ( 2º y 4º) de Lozano Hermanos. Corrida de variadas hechuras, muy abierta de líneas y desigual de juego. Astifinos. De general nobleza.

Ángel de la Rosa, ovación tras aviso y vuelta tras aviso. Miguel Abellán, silencio y ovación tras aviso. Serafín Marín, ovaciones tras aviso.

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Dos de los toros de de Alcurrucén, primero y cuarto, entraron en el lote de Ángel de la Rosa. Descolgó enseguida el primero, bajo y corto de manos, bien hecho, bonito. El toro arrolló en un quite a Miguel Abellán. Dos volteretas sin más pena que la zurra de turno y un desgarro de taleguilla. Ni las dos cogidas quitaron al toro su inocencia. No terminó de aprovecharlo De la Rosa, muy en su papel de torero regional que apenas torea y que apenas disimula su desilusión cuando lo hace. Larga la faena, que ni amagó con romper. Ocasión perdida. Muy cariñoso el público.

El cuarto, acaballado, alto de agujas, estrecho de sienes, acodado y bizco, muy astifino, protestó en varas, como casi todos, amenazó con ponerse andarín pero acabó por templarse. Muy noble. Se descubrió en los tres o cuatro muletazos de tanteo con que De la Rosa abrió faena. Cálida, prometedora apertura. Promesa no cumplida. Faena de cierta velocidad cuando el toro empujó. La faena, de recorrer muchos metros, se hizo tan larga que le dieron al famoso 'Nerva' hasta dos vueltas, una estocada defectuosa, un aviso, petición de oreja y una vuelta al ruedo en el fondo conmovedora.

Además del lote de De la Rosa, hubo otro toro, el quinto, que se prestó mucho. Un toro de pinta y remate muy originales. Cárdeno girón, lucero y calcetero, más en la procedencia Galache que en la de Núñez, bien relleno, serio por delante, pitones negros.Abellán lo vio a huevo y brindó al público. No redondeó. Ni cuadró el círculo tampoco.

De los tres matadores, el más dispuesto, el mejor preparado, el más confiado y decidido, el único con las ideas claras y el corazón a punto fue Serafín Marín. Con diferencia evidente. Pero ninguno de los toros de lote se prestó a portentos. El tercero, degolladito, bien cortado, fino, se emplazó de salida, tomó con violencia los engaños, peleó con genio en dos varas y llegó a la muleta como melón por catar. Se estiraba en el primer muletazo después de pensárselo, pero repetía cortando como los toros pegajosos. Serafín le dio al toro ventajas, se dejó ver, lo trajo en los vuelos o lo tocó con precisión. Muy firme y seguro el torero de Montcada. Una soberbia tanda con la izquierda abrochada con uno de pecho espléndido. Sometido, se arrugó el toro. Le salió un fondo cobardón.

El sexto fue toro probón, agarrado, encogido. Muy altón, no descolgó. Medios viajes a media altura, sin buscar pero sin la menor gana. Frenazos, intención de irse. Paciente hasta la exageración, Serafín le buscó las vueltas y cosquillas, y hasta le acabó robando algún muletazo cadencioso. Ya era tarde, se hizo larga la faena, hacía frío, la gente quería irse. Pero estuvo muy bien el torero catalán. Abellán cumplió mandón en el arranque con el primero de su lote, que, distraído y gazapón, se fue apagando. No fue tampoco faena de mucho discurrir.



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