Hablábamos ayer de los curiosos artículos que pueden leerse en las ordenanzas municipales, que se redactaron y se publicaron en 1906 y que por lo tanto van a cumplir ahora su centenario y voy a cerrar el capítulo con otra serie de curiosidades. Veamos alguno de esos artículos que en 1906 eran de actualidad y hoy nos resultan más o menos anacrónicos. Por ejemplo:
Según dichas ordenanzas no está prohibido, por ejemplo, escupir en la calle. ¿Por qué? Léanlo en el artículo 33. «Se prohíbe escupir en las calles y plazas una vez que, al efecto, se haga la oportuna instalación de escupideras». Y como es evidente que no se ha hecho la oportuna instalación de escupideras, seguimos te-niendo permiso para escupir en calles y plazas.
Por lo visto en aquellos años era habitual dejar sueltas a las gallinas por la calle, y quizá por eso se decidió poner coro a esta costumbre tal como podemos leerlo en el artículo 34: «No se permite dejar en las calles y plazas ninguna clase de aves ni animales domésticos».
¿Sabía usted, amigo lector, que los botes vacíos de pimientos, tomates etc. se pueden tirar a la calle y a los basureros, pero tomando una oportuna precaución? Lo vemos en el artículo 738: «Los envases de pimientos, tomates y demás conservas que después de vacíos se arrojen a la vía pública, basureros etc. , serán aplastados, a fin de que no puedan ser reexpedidos a las fábricas para destinarlos al mismo uso».
Y para no alargar demasiado estos comentarios curiosos sobre nuestras centenarias ordenanzas, voy a terminar ofreciendo este comentarios a los maestros que cuidan mi cabello en la peluquería de la Plaza Nueva. Según el artículo 897, los peluqueros-barberos están obligados a tener en su peluquería-barbería cinco navajas de afeitar de mango metálico y bruñido, tres tijeras desarticulables o de tornillo, dos peines para el bigote y tres para el pelo, dos cepillos de cerda cosidos fuerte, otros dos de cosido suave, tres maquinillas de fácil desarticulación, dos tazas niqueladas o de porcelana y dos brochas de mango metálico bruñido.
Anda que no me voy a divertir nada la próxima vez que vaya a la peluquería con esta lista y les exija que me enseñen todo ese arsenal de herramientas.