En la atención a este tipo de pacientes, es fundamental mantener una adecuada hidratación -para proteger protege mucosas piel-, aunque, por otro lado, es habitual que surja antes una dificultad para la deglución con líquidos que con sólidos. En este caso, se puede recurrir al empleo de alimentos semisólidos. Los purés y comidas trituradas se administran con facilidad si el paciente colabora, aunque es fácil que se aburra y acabe rechazándolos, sobre todo si no tienen un determinado sabor.
Conviene mantener cierto aporte de fibra, así como de alimentos frescos por su contenido en vitaminas y minerales. Siempre se debe hablar y tener en cuenta a la persona o personas que está atendiendo a esos pacientes. Muchos de estos cuidadores son familiares que se quedan a su cargo con un enorme sacrificio personal, y con frecuencia económico. Estas personas llegan a padecer, debido al esfuerzo necesario para la atención de personas incapacitadas, el denominado síndrome del cuidador.
Este síndrome se caracteriza por un agotamiento físico y psíquico, con diversas manifestaciones como insomnio, irritabilidad, trastornos en el estado y ánimo, pérdida de apetito, fragilidad emocional y múltiples molestias musculares, casi siempre relacionadas con problemas de sobrecarga mecánica. Es difícil hacer frente a esta situación, debido al estado de abandono social que pueden sufrir esas personas, por lo que a veces tienen a su disposición diversas ayudas de atención social.
Es fundamental 'aprender a cuidar'; hay que intentar mantener el propio biorritmo, con unos periodos de vigilia y sueño dentro de lo posible conservados, y unas horas dedicadas a una correcta ingesta de alimentos.