Las principales asociaciones de cicloturistas acudieron esta semana al Parlamento de Vitoria para reclamar a las instituciones vascas que reconozcan la bicicleta como una alternativa real a los vehículos motorizados y no sólo para el ocio. Edorta Bergua, que hizo de portavoz de decenas de miles de aficionados vascos, recordó el pasado martes que la mitad de las familias de Euskadi tiene una bici en casa y que el 56% de los desplazamientos al trabajo no supera los 5 kilómetros. Con estos argumentos pidió que se habiliten aparcamientos para ciclistas en las calles y en las estaciones de autobuses y trenes; que se combatan los robos a través de un registro público de bicicletas, que se reformen las carreteras para aumentar la seguridad de los cicloturistas y que no se circule a más de 30 kilómetros por hora en los tramos urbanos.
Bergua intervino en la comisión parlamentaria de Ordenación Territorial, cuyos miembros se adhirieron a sus propuestas de forma unánime. Una de ellas insta a la consejera de Transportes, Nuria López de Gereñu, a realizar un inventario de las rutas ciclistas de la comunidad y a calcular su demanda potencial. Ese documento, que tendría la forma de un plan director, debió haberse aprobado en 2003. Otra petición de los aficionados es que los urbanistas de los ayuntamientos y las diputaciones proyecten los futuros barrios de tal forma que exijan desplazamientos cortos y asequibles al peatón o al ciclista. De ese modo lograrían reducir el tráfico y la polución, y ahorrarían combustible en el difícil escenario energético que se avecina.
Imitar a Cataluña
En la Cámara vasca estuvieron representadas las asociaciones de cicloturistas Kalapie, de Guipúzcoa; Biziz Bizi, de Bilbao; Gazteizko Bizikleteroak, de Vitoria; Lurrats, de Arrasate, y Txirrinka, de Oñati. Sus miembros invitaron a las instituciones autonómicas a imitar al Parlamento de Cataluña y al Ayuntamiento de Barcelona, que han suscrito la denominada Declaración de Amsterdam.
Este documento fue elaborado durante la Conferencia Mundial de la Bicicleta de 2000 y reivindica el derecho de las personas (incluidos los niños) a moverse en bici, una herramienta que los autores del texto consideran eficaz, saludable y sostenible.
Los aficionados reclaman al Gobierno vasco que cree un órgano específico para este medio de transporte. Piensan que su potencial no está aprovechado en Euskadi, a pesar de que muchos ciudadanos, empezando por el actual lehendakari, saben manejarse sobre dos ruedas. Aunque unos 1.000 millones de personas se desplazan en bicicleta en todo el mundo, la autonomía vasca está lejos de los estándares europeos en esta materia, dejando a un lado el uso recreativo y la expectación que generan las pruebas deportivas. Según la Comisión Europea, un holandés recorre 1.019 kilómetros al año en bici; un danés, 958; un italiano, 168; un francés, 87 y un español, 24 (no existen datos por autonomías).
Una de las ideas sugeridas para cambiar esas estadísticas es que los cargos públicos pedaleen en público, de manera «ejemplarizante». Es una estrategia que recuerda las medidas adoptadas por muchos mandatarios centroeuropeos a raíz del 'shock' petrolero de 1973. Los cicloturistas vascos se quejan de que sólo las alcaldías de Vitoria y San Sebastián hayan fomentado este hábito de transporte, mientras los demás municipios desarrollan proyectos «anecdóticos» y «escasamente eficaces». El resultado es que en ninguna población de Euskadi, incluidas las capitales citadas, los desplazamientos en bici superan el 3% de los movimientos totales.
No obstante, los aficionados a la bicicleta realizan una valoración más positiva del esfuerzo de las tres diputaciones para crear cientos de kilómetros de viales para ciclistas (bidegorris). La vizcaína ya ha incluido sus proyectos en el plan de carreteras del territorio histórico, mientras que la de Guipúzcoa está a punto de hacerlo. A la alavesa sólo se le reprocha que sus rutas -está reconvirtiendo la antigua ruta del ferrocarril Vasco-Navarro- estén concebidas para el ocio.