El acueducto de Segovia es un longevo anciano que, a pesar de tener todavía mucha vida por delante, padece varias enfermedades crónicas. Es el precio que tiene que pagar por pasar 2000 años a la intemperie, sufriendo el calor aplastante del verano, las heladas y nevadas del invierno, la polución de la vida moderna, la visita de aves que anidan entre sus rocas, el desgaste que provoca la humedad, y así se podrían enumerar incontables causas. Aunque nadie puede poner en duda su fortaleza. Sus 166 arcos de piedra granítica constituidos por sillares y unidos sin ningún tipo de argamasa siguen en pie. Piedra sobre piedra. Sin duda la obra es un ingenioso equilibrio de fuerzas que, a pesar de su entereza, se deteriora poco a poco.