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Sábado, 4 de marzo de 2006
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Demencia terminal
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El deterioro imparable de las facultades mentales por culpa del paso del tiempo hasta llegar a la demencia constituye una de las pesadillas recurrentes de cualquier ser humano. A ese deterioro se le da el nombre de enfermedad de Alzheimer y en otro tiempo el de demencia senil. Quien la padece no reconoce a nadie, no sabe quién es ni dónde está, no controla o controla mal sus funciones físicas y se convierte en una carga para quienes le rodean. Por eso hay que someterles a control, ayudarles anímicamente aunque no lo puedan agradecer nunca y disminuir en lo posible el sufrimiento que padecen y el que causan.

107 pacientes de esa terrible enfermedad están en listas de espera y centros de día y los testimonios de sus seres cercanos revelan la capacidad casi heroica de los seres humanos para demostrar lo mejor de sí mismos cuando se les necesita. Pero todo eso fatiga enormemente, desgasta las defensas emocionales y puede pasar factura tarde o temprano. Se puede querer mucho a una persona y socorrerla con el mayor afecto en el peor de los trances, incluso sacrificar la vida. Se puede o no.

c.p.uralde@diario-elcorreo.com



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