En estos días de guantes y abrigos no es el frío el que resquebraja nuestra serenidad. Los mitos y las estrellas caen por motivos distintos a la hipotermia pero de igual forma, fulgurantes, y mortales. Los gatos no tienen siete vidas. Si comen carne de pollo resfriado, mueren (al menos, los alemanes). Otra pájara que se cae del cesto de rosas es la duquesa de Alba. Unos 500 jornaleros se manifestaron en contra de su condecoración como hija predilecta de Andalucía. Ni las protestas, ni ser una de las mayores terratenientes de España parecen importar a los que otorgan el premio. Tras este recordatorio de los orígenes de la fémina, nada volverá a ser como antes. La otra estrella caída por algo distinto a la magia (cometa, asteroide o planeta, según forma y tamaño con el que se le quiera identificar) es Florentino Pérez. Con su retirada del mundo deportivo sus com- pañeros de negocios (ACS y Unión Fenosa) se frotan las manos y van buscando huecos en sus agendas para irse con él de cañas. Pero que no sufran los madridistas. Otro rico promotor inmobiliario, un tal Fernando Martín, ocupará la dirección. El fútbol, más que fútbol, es dinero, por más que muchos se empeñen en esas frases hechas de filosofía barata. El reino animal se desmorona, la alta alcurnia es la lepra del pueblo, y el fútbol ya no es lo que era. Malos tiempos para los cuerpos celestes.