El Correo Digital
Miércoles, 1 de marzo de 2006
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ÁLAVA
 
EDICIÓN IMPRESA
 
DOLOR. Una mujer es atendida por una agente de la Policía Municipal en la unidad específica de maltrato de Aguirrelanda. / IGOR AIZPURU
ÁLAVA
«Está aporreando la puerta y tengo miedo». Es la llamada desesperada de una madre que alertaba el pasado jueves a la Policía Municipal de Vitoria de que su hijo había vuelto. Estaba «borracho» y le insultaba desde la escalera. En esa vivienda de Zaramaga están acostumbrados a que los objetos vuelen por los aires cuando el joven se enfada. La mujer temía volver a ser agredida, pero imploraba que ningún agente le detuviera aún. «Si vuelvo a llamar, tendréis que venir», decía temerosa. No volvió a hacerlo. Pese a todo, agentes de paisano vigilaron la zona para evitar una posible desgracia. Todo se quedó en «un susto» más.
 
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