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Domingo, 26 de febrero de 2006
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SOCIEDAD
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El inventor de la unidad móvil en la Guerra Civil
Una muestra recuerda la figura del médico canadiense Norman Bethune, que acudió en auxilio de las miles de personas que huían del bombardeo franquista sobre Málaga
CARAVANA DE LA MUERTE. Los niños huyen de los bombardeos franquistas. / HAZEN SISE
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TRAYECTORIA
Norman Bethune nació en Gravenhurst, una pequeña localidad de Ontario (Canadá) en 1890.

Descendía de terratenientes escoceses y de hugonotes franceses. Su abuelo fue uno de los fundadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Toronto.

Interrumpió sus estudios universitarios para fundar unas escuelas al norte de la provincia.

En 1914 se apuntó en el Ejército, fue a la Primera Guerra Mundial y cayó herido en Francia.

Puso en marcha proyectos de medicina democratizadora y llegó a Madrid en 1936 para ayudar a la República.

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Mujeres, ancianos y niños huían descalzos de Málaga hacia Almería por la única carretera que comunicaba las dos ciudades. Los hombres cargaban con las pocas pertenencias de estas familias de campesinos, juegos de cacerolas y sartenes, mientras el Ejército franquista, apoyado por alemanes, italianos y marroquíes, tiraba bombas desde los aviones y ametrallaba desde los barcos pegados a la costa. Por su perfil discurría la denominada 'Caravana de la muerte', formada por un número entre 60.000 a 100.000 personas.

Había terminado la primera semana de febrero de 1937 y el doctor canadiense Norman Bethune intentaba enlazar con la procesión republicana para asistir a los más enfermos. «Llegamos el día 10 con un camión refrigerado, cargado de sangre almacenada en Barcelona para poner transfusiones a los heridos. Contamos unos 5.000 niños menores de diez años, y al menos 1.000 de ellos iban cubiertos con una sola prenda, colgados de los hombros de sus madres o agarrados de su mano», escribió en sus memorias sobre la Guerra Civil española este pionero de la solidaridad sanitaria, al ver de cerca una tragedia comparable con la de Gernika y con las matanzas de Bajadoz.

Una muestra en el Instituto Santa Fe de Granada recoge la labor de Bethune a través de sus testimonios y de las 26 fotografías tomadas por uno de los dos ayudantes que le acompañaban, Hazen Sise. La exposición recalará luego en Salamanca y en otras ciudades españolas.

Gratis para desempleados

Bethune ya conocía la guerra española de su primera estancia en Madrid, en noviembre de 1936. En tonces inventó un pionero sistema de atención a los heridos, lo que hoy se llamaría una unidad móvil, hecha con una furgoneta y una mecanismo de refrigeración de la sangre.

El médico canadiense, afiliado ese mismo año al Partido Comunista de su país, se había convencido de que la medicina era un bien social que debía ser distribuido con justicia. Llegó a esta conclusión cuando vio los efectos de la Gran Depresión a principios de los treinta, que había dejado a un tercio de la población de Montreal en condiciones de estricta pobreza.

El médico había nacido en 1890 en Gravenhurst, una pequeña localidad de Ontario, en Canadá, dedicada a la madera. En 1935 abrió una consulta gratuita para atender a los desempleados y a sus familias, y al año siguiente involucró a un grupo de colegas para que democratizasen su práctica profesional. Para entonces, Bethune era ya un médico muy reconocido en Canadá. Licenciado en la Universidad de Toronto, veterano del cuerpo médico del Ejército canadiense en la Primera Guerra Mundial, estableció en Detroit (EE UU) su primera consulta, la única de carácter privado en la que ejerció.

Se casó con la escocesa Frances Campbell Penney, con la que compartía un fuerte temperamento que les llevó al divorcio, a casarse de nuevo y divorciarse otra vez, todo esto en diez años, de 1923 a 1933. A mediados de los años 20, contrajo una tuberculosis y permitió que le hicieran una novedosa y arriesgada operación que consistía en introducir aire sano en la cavidad enferma.

A raíz de esta experiencia, Bethune se especializó en neumología y ejerció primero en un hospital de Montreal y más tarde en un centro de una localidad cercana, Cartierville, hasta llegar a ser uno de los mejores expertos de Norteamérica en cirugía torácica.

Pero fue en Madrid, y luego en Almería, donde el médico canadiense empezó a hacerse una leyenda. En septiembre de 1936 vino a la capital de España bajo los auspicios del Comité de Ayuda a la Democracia Española de Canadá. Y allí convirtió una furgoneta en la primera unidad móvil de la historia. Bethune recogía la sangre de los donantes en las ciudades y luego la llevaba al frente, gracias a una de las grandes innovaciones sanitarias del siglo XX.

En febrero de 1937 partió hacia Málaga con su unidad móvil pero no pudo llegar a la ciudad, ya tomada por el bando sublevado. Entonces decidió aproximarse a esa caravana compuesta de campesinos que huían de la represión franquista.

Dolor y hambre

«Aquí estaban los más fuertes con todas sus pertenencias sobre los burros, las mulas y los caballos. El incesante torrente de gente llegó a ser tan grande que apenas podíamos pasar», escribe Bethune.

Las mujeres le imploraban que llevara en la furgoneta a sus hijos enfermos. «Los niños envueltos con harapos ensangrentados, sin zapatos, con los pies hinchados, aumentados dos veces su tamaño, lloraban desconsoladamente de dolor, hambre y agotamiento»

Bethune optó por llevar a los heridos a Almería. Iba y regresaba con un contingente de unas 30 personas en cada viaje, a las que dejaban en un hospital de Socorro Rojo Internacional. El médico canadiense abandonó el frente cuatro meses después, en mayo de 1937, porque sintió que alrededor de la sanidad de guerra se estaba tejiendo una burocracia en la que él no podía moverse bien. Volvió a Canadá y dio charlas sobre la guerra española. El 8 de enero de 1939 estaba en China, acompañado por una enfermera y con 5.000 dólares en material médico. Otra guerra había estallado. La ganaría Mao Tse Tung. Bethune estaba con él.



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