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Domingo, 26 de febrero de 2006
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Cinco lectores cumplen su sueño de ser modelos por un día gracias a EL CORREO
PRUEBAS. Lucía se imagina con un vestido de satén arrugado de Jota Más Ge.
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«Recuerdo cuando eras portada en revistas, el punto brillante inalcanzable. Gastabas cada día una fortuna en cosméticos y objetos extraños que no usabas jamás...» ¿Qué bonita canción de Ilegales! 'Me gusta cómo hueles' resume la esencia del mundo de las pasarelas. ¿Y cuál es la esencia? No es fácil de saber. A ver. Por un lado están las 'top models', que salen en revistas, periódicos, informativos... y hasta en las fichas policiales. Por ejemplo, Kate Moss, que vive a fondo aquello de 'Sex & Drugs & Rock'n'roll', el viejo lema canalla que inventó Ian Dury.

Luego están las otras, las modelos desconocidas. Ésas que vemos desfilar por las pasarelas, algunas como un saco de huesos, otras menos, ahora enseñando un pecho, ahora el otro... Y siempre con la sombra de la anorexia, aunque, quitando Nieves Álvarez, todas dicen que es cosa de metabolismo y que se hinchan a bocatas de mortadela. Y después, por detrás, el resto de los mortales. Pero algo tienen las pasarelas que atraen. ¿Eso que llaman 'glamour'?, ¿magia, quizás? Sea lo que sea, está claro que puede con el lado oscuro. Porque las chicas ya no quieren ser princesas, quieren ser modelos. Y los chicos también.

Treinta lectores respondieron a la sección enlaCe de EL CORREO, que pedía personas para ejercer de maniquíes por un día. Cinco fueron los elegidos. Maquillados, peinados y vestidos con ropa de conocidos diseñadores, posaron para un fotógrafo en la 'suite' del hotel Sheraton, en Bilbao. Ellos cumplieron su sueño. Y nosotros aprovechamos para buscar la esencia del mundo de la moda. Algo así como lo que intentaron los Monthy Pyton en 'El sentido de la vida', pero en versión fucsia.

MUY PERFECTO, MUY ATRACTIVO

¿Qué lleva a una persona a desear ser modelo, o al menos a convertirse en 'fashion victim'? ¿Quizás la visión continuada de tres capítulos de 'Sexo en Nueva York', la serie donde su protagonista cambia de vestido en cada escena y combina 'manolos' hasta con pijama? Es posible, porque incluso las más austeras empiezan a pensar, avergonzadas, cómo alguna vez osaron llevar coletero. La más convencida es Montse Báscones (Bilbao, funcionaria, 36 años): «Me hubiera gustado ser maniquí. Hace años hice algún desfile de peluquería. Siempre me ha gustado el mundillo. Me parece atractivo. No sé si por desconocimiento, pero lo de la estética y la peluquería, la ropa de los diseñadores, los viajes... suena como muy perfecto, muy atractivo».

Vaya, sí suena bien. Montse llegó con la cara sin pintar -«algo que no hacía desde hace mucho tiempo»- y se sometió al saber hacer de la empresa de estilismo Idoia Urteaga. Un moño aprovechando sus extensiones rojizas y el maquillaje cargado en ojos y labios acentuaron sus rasgos y la transformaron. El vestido de Ángel Schlesser hizo el resto.

Esperando su turno de peluquería, Álvaro Martínez de Lizarduy (Vitoria, funcionario, 32 años) aportó su experiencia, abundando en la leyenda negra de la profesión: «Sí, es verdad que este mundo tiene su parte bonita, curiosa, los viajes, el dinero... pero yo tengo muchos amigos modelos profesionales y sé lo que se mueve ahí: mucha noche, muchas envidias y enchufismos, drogas... El típico tópico es verdad, a nivel de 'top models' y en los casos más modestos». Aun así, de más joven, Álvaro se apuntó a algún desfile, «pero siempre de andar por casa». Porque lo suyo, en todo caso, hubiera sido el cine. Ya hizo de extra en le película 'Sabotage!', de los bilbaínos hermanos Ibarretxe.

ANOREXIA SIN SOSTÉN

Entonces, aun reconociendo que es un mundo que entraña peligros, parece difícil resistirse a probar la parte dulce, eso de verse transformado por el maquillaje en alguien diferente, distante, interesante, inalcanzable... «Sí, todas las modelos parecen monísimas en las fotos -dice Lucía de las Heras (Ortuella, hostelera)-. Y no me extraña, porque con esa ropa... Ya me gustaría verlas recién levantadas de la cama, como yo. No extraña que a cualquiera le guste que le pongan guapa, aunque sólo sea por un día». Un día que será el primero que Lucía salga sin sujetador. «Sí, siempre lo llevo, será la primera vez, porque tengo mucho pecho, una talla 100. Y está en su sitio, pese a haber tenido dos 'chupópteros'».

Pero era necesario hacer esta excepción, porque el traje que lleva Lucía, un vestido negro en tela metálica de la tienda Pi 3,1416, deja toda la espalda al descubierto y provoca miradas de vértigo con un espectacular escote en pico que atrae el interés hacia su pronunciado y natural 'canalillo'. Lo cierto es que hoy parece indispensable exhibir un abultamiento pectoral considerable si uno quiere triunfar en la farándula. Muchas modelos pagan por engordar su delantera a base de silicona, porque hace ya unos cuantos años que se llevan delgadísimas con pecho XL, y eso, la verdad, no abunda.

Sí, porque ser modelo es también ser esclavo del físico. Esta semana, el tema de la anorexia volvía a ponerse de actualidad con motivo de la Pasarela Cibeles. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha pedido a a los diseñadores y empresarios textiles que eviten la talla 34 en las pasarelas, porque, según dijo, «hay riesgo de que los adolescentes se identifiquen con los patrones y tallas de las modelos, que no se corresponden con la realidad de España, ni con unos hábitos de vida saludables».

La dirección de Cibeles, que no quiere vincular moda con anorexia, aseguró que las maniquíes usan las tallas 38 ó 40, «nunca la 34», y que trasmiten «salud». Pero Eneko Van Horenbeke, Mister Euskadi 2003 y modelo, que ayudó a nuestros aprendices de maniquí a desenvolverse con soltura en la sesión de fotos, dice haberlas visto, y opina que una 34 «es demasiado. No me gustan tan delgadas, se ven escuálidas y, además, todo el mundo se queja, es muy difícil mantenerse así».

UN MUNDO SUPERFICIAL

Alba Vicho (Vitoria, universitaria, 18 años) está entre una 34 y una 38, «depende de la marca», pero mide 1,60 metros, de modo que su 34 está más justificada que en los cuerpos de esas modelos de 1,80. Aun así, hubo problemas con la ropa que la tienda Jota Mas Ge trajo para ella. No venden por debajo de la 38, así que fue necesario hacer unos arreglillos en la cintura de la joven. «No me preocupo mucho, me encanta comer galletas. Pero esto del mundo de la moda nunca lo vi para mí, primero porque no doy la altura, y luego porque me parece un mundo muy superficial, aunque, por las fotos y la ropa, me apetecía probar». Para el que le interese, Alba y Montse suelen encontrar 'trapitos' en la sección infantil de algunas tiendas.

Queda claro entonces que, al menos una vez en la vida, está bien sentirse objeto de deseo y admiración. Quizás valga como un empujoncito al ego, una dosis de seguridad en una sociedad que cada vez valora más el envoltorio. Vamos, que a todo el mundo le gusta verse guapo. Y que tampoco es cosa de pedir peras al olmo cuando esperamos ansiosos el momento en que las misses contestan a las preguntas del jurado. -«¿Qué sabes de mi país?», lanzó uno de los miembros, un señor ruso, a una aspirante a guapa de España. «Pues que es muy grande... y que hay gente muy amable»-. Pues eso, que esto va de de lucirse y nada más. Cada uno sabrá lo que lleva en la cabeza. Y es fácil olvidar que también los hay feos y tontos. Lo importante es tener confianza en uno mismo. Íñigo Rueda (Getxo, supervisor en el ferry, 36 años) siempre ha llevado dentro «el gusanillo de la moda». «Pero hay que ser más delgado, más alto... y yo soy inseguro, tímido, me he presentado a 'castings' de cine, nada más. Así que, al ver el anuncio de enlaCe, llamé. Y estoy contento», reconocía. Parece que lo de ser modelo se soporta mejor en pequeñas dosis. Quizás sea ésta una profesión de riesgo.

LA HORA DE LA VERDAD



Una vez listos, los cinco fueron desfilando ante la cámara fotográfica. Hasta ese momento, se habían dejado hacer, pero llegaba su momento. ¿Cómo se evita salir con cara de acelga? ¿Es mejor posar sonriente o enfurruñado, como parecen algunos de los que pisan fuerte en las pasarelas o salen en el 'Vogue'? Evidentemente, ayudaron los consejos del experto fotógrafo y los de Eneko Van Horenbeke, pero, viéndolos, cualquiera diría que era su primera vez. «Hombre, es que hemos ojeado muchas revistas y te fijas en las caras que ponen», explicaba Lucía, feliz y llamativa con su traje. «Ya verás cuando me vean en mi cafetería». Echada sobre la cama de la habitación del hotel, resplandecía en negro sobre el edredón blanco.

Íñigo se compra mucha ropa, como todos ellos -y ellas, también zapatos-. Apuesta por el 'look' juvenil, a lo que contribuía el pelo en punta. Algo nervioso, aunque natural, pasó con éxito la prueba. Incluso cogió al vuelo a Lucía en la foto de conjunto. «Ha sido muy divertido».

A Álvaro sí que se le nota que tiene amigos modelos. Maneja las posturas y domina las miradas. «¿Sí? No sé. Ya verás qué cachondeo en el trabajo». Alba tardó un poco más en ponerse en situación:

Eneko: Ponte relajada, venga.

Alba: Me cuesta, me veo un poco forzada.

Eneko: Sólo hasta que te acostumbres.

Alba: Lo estoy pasando muy bien.

Eneko: Quédate quietecita.

Alba: ¿Me pongo seria, qué hago ahora?

Montse no hacía más que reír, pese a las reticencias iniciales sobre si le sentaría bien un vestido «sobrio». Al final quería llevárselo. «He tratado de pensar en otras cosas, porque estaba tensa, pero creo que ha ido bien». Los cinco estarán ahora leyendo este reportaje, examinando una y otra vez las fotos, buscando defectos y alegrándose, sin duda, por el resultado.



Vocento
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