Un atentado con bomba contra uno de los más venerados santuarios chiíes en Samarra, a unos 125 kilómetros al norte de Bagdad, y los posteriores ataques de venganza de decenas de mezquitas suníes hacen planear el fantasma de la guerra interconfesional en Irak. La violencia desatada se cobró ayer la vida de al menos seis suníes, tres de ellos imanes, además del secuestro en Bagdad de otro clérigo de la misma comunidad. El Partido Islámico Iraquí (PII), la mayor fuerza suní del país, elevó a siete el número de víctimas mortales.
Según la Policía, «gente enfurecida por lo sucedido en Samarra» protagonizó las agresiones contra veintisiete templos suníes -la mayoría en Bagdad y su extrarradio-, dando a entender que habían sido perpetrados por fieles chiíes. Según el balance del PII, la cifra de centros religiosos sunís atacados rondó el centenar.
En la respuesta de la comunidad mayoritaria en el país del Golfo también influyó, sin duda, la explosión, el martes, de un coche bomba en un mercado de un barrio de mayoría chií en el sur de la capital que dejó veintidós muertos y veintisiete heridos. Pero la gota que colmó el vaso tuvo lugar al amanecer en el interior del santuario de Askariya, una obra maestra arquitectónica islámica de 1.200 años de antigüedad. La cúpula de oro fue destruida y el revestimiento de mosaicos turquesas voló en pedazos. En este mausoleo, un lugar de peregrinaje, se encuentran las tumbas de dos imanes venerados por los chiíes, Alí al-Hadi (827-868) y Hassan al-Askari (845-872).
En el lugar del atentado, un coronel de las fuerzas especiales del Ministerio del Interior indicó que «cuatro hombres, el jefe vestido con ropa de comando y otros tres vestidos de negro y enmascarados, entraron el martes por la noche en el mausoleo y ataron a los cinco policías de guardia».
Pese a que no hubo víctimas, el ataque causó la inmediata reacción de la comunidad atacada, que salió a la calle para condenar la acción terrorista y mostrar su repulsa contra las tropas norteamericanas y el Gobierno, a los que acusaron de no ser capaces de proteger los santuarios. La violencia se extendió por todo el país pese a los llamamientos a la calma que trataban de evitar el conflicto. Las autoridades se vieron obligadas a intensificar la presencia de tropas y policías en torno a las mezquitas.
El gran ayatolá Alí al-Sistani, máxima autoridad religiosa del chiísmo, instó a los fieles a que se manifestaran de forma pacífica. «Llamo a nuestro pueblo y a los musulmanes en todo el mundo a expresar sin recurrir a ningún tipo de violencia su protesta y a condenar este crimen», dijo en un comunicado.
«Acción cobarde»
El primer ministro, el también chií Ibrahim al-Yafari, calificó el ataque de «acción cobarde contra todos los musulmanes», y pidió a los iraquíes que se mantengan unidos contra los «terroristas». También la Asociación de Ulemas Musulmanes (AUM), máxima representación religiosa suní en Irak, condenó el atentado como «un acto criminal destinado a instigar la sedición sectaria en estos momentos críticos».
El PII pidió asimismo una investigación, aunque denunció el ataque contra los templos sunís. «Condenamos rotundamente esta criminal acción. Sectores imparciales deben investigarlo a fin de determinar quiénes están detrás y si forma parte de un plan para dañar al pueblo iraquí provocando una destructiva discordia sectaria», subrayó.
La violencia no se circunscribió sólo al enfrentamiento entre chiíes y suníes. Once egipcios y saudíes detenidos en una cárcel de Basora por acciones terroristas fueron secuestrados anoche y diez de ellos fueron asesinados.
Según informó la Policía, un grupo de veinte hombres armados irrumpió en el centro penitenciario de Mina, desarmó a los guardias y acto seguido se llevó a los reclusos. Los cadáveres de tres de ellos fueron encontrados en el centro de Basora, y los cuerpos sin vida de otro siete aparecieron en un barrio del sudoeste de la ciudad. El undécimo preso, que estaba herido, fue trasladado a un hospital.
Además, un juez resultó gravemente herido y dos de sus escoltas murieron por los disparos contra su automóvil en Muqdadiya.