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Jueves, 23 de febrero de 2006
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Las peñas piden a las instituciones que «busquen un comprador» para el Alavés
Emplazan al Ayuntamiento y la Diputación a que «pongan freno» a Piterman por su actitud e insultos
IMPRESCINDIBLES. Aficionados del Alavés animan al equipo en un partido en Mendizorroza. / NOELIA MARTÍNEZ
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Los colectivos de seguidores se posicionan «a favor» de que las instituciones -Ayuntamiento de Vitoria y Diputación Foral de Álava- tomen parte activa «por el bien del Alavés» y «fuercen la salida de Piterman» de la presidencia. Perdida ya la esperanza de que el presidente albiazul cambie de actitud y modales, los peñistas claman por su renuncia al poder y por la venta de sus acciones, el 51% del capital social.

Aunque entienden, no obstante, que para que así sea es imprescindible que convergan dos premisas de máxima complejidad. Como condición incuestionable, primeramente Piterman, «presionado» por la aficion y la sociedad en general, debería estar dispuesto a desinvertir en el Alavés. Lo compró por tres millones de euros en julio de 2004, con el equipo en Segunda División, y ahora, en Primera, lo tasa en «diez», según dejó caer el pasado jueves, cuando anunció el despido del técnico Juan Carlos Oliva. Y en segundo lugar, para completar la magna operación en torno a la sociedad anónima deportiva albiazul, sería preciso un inversor decidido a hacerse con el mando previo desembolso de una millonaria cantidad de dinero. Una conjunción nada sencilla.

«Hay que forzar a las instituciones y empresarios a que se muevan ya», proclama Aitor García, de la Peña Karmona. «A las primeras se les llena la boca cuando hablan del Alavés, pues es hora de que se mojen. Se tienen que mojar», añade el aficionado.

Responsabilidad social

¿Y cómo? «Que busquen un comprador», reclaman los peñistas. «En Vitoria y Álava hay capacidad económica suficiente para que una persona o un grupo lidere el cambio en el Alavés», aseguran. En este sentido, para ellos el papel de los organismos oficiales sería el de impulsores y mediadores, pues no ven clara la intervención directa de ellos en la compra de una sociedad anónima deportiva. José Antonio Romero, de la peña El Glorioso, entiende que «son los únicos que pueden hacer algo». Tan severo en su apreciación se manifiesta también Íñigo Gómez, de Zoramen Gasteiz, quien afirma que «las instituciones tienen su responsabilidad en esto».

Sobre la base de que el Alavés «es algo más que una empresa, es un sentimiento y un embajador de la provincia», a todos ellos les duele que «el Piterman éste manche el nombre de Vitoria y Álava con sus insultos, menosprecios y caprichos». «Los poderes públicos deberían darle un toque, poner freno al hazmerreír», reclama Gómez.

Otros aficionados, tal vez con una perspectiva de los hechos que les lleva al pasado, recuerdan que en 1986 nadie «de aquí» acudió al auxilio del Alavés, que descendió por moroso a Tercera. «Fue el Athletic, por mucho que duela a algunos, el único que le ayudó». Aunque las circunstancias actuales no tienen nada que ver con entonces, este precedente agónico lleva a Felipe Sáez de Urturi, de Babazorros, a desconfiar de las instituciones. «Yo soy más partidario de que algún empresario, que sé que los hay, compre el club y eche a Piterman».



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